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Pureza Sexual … MANOS SECAS POR LA PORNOGRAFIA Y EL PECADO SEXUAL

octubre 2, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual…

“Pasando de allí, Jesús entró en la sinagoga de ellos. Y he aquí, había allí un hombre que tenía una mano seca. Y para poder acusarle, le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? Y Jesús les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta se le cae en un hoyo en día de reposo, no le echa mano y la saca?  Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja!  Por tanto, es lícito hacer bien en el día de reposo.  Entonces dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada, sana como la otra.”  Mateo 12:9-13 

images-MANOSUna sequedad secreta de impureza nos mata lentamente por dentro; una sequedad que comienza en el corazón y se entiende a todo lo que somos y hacemos.  Y en este proceso de corrompernos calladamente, nuestra mano ha sido aliada, instrumento y testigo de nuestros pecados sexuales. Irónicamente, desde que llegamos al Señor, nuestra mano también ha sido puente para dar, ministrar y bendecir.  Así, vivimos una vida donde la mitad de nosotros hacía el bien, y la otra mitad seguía bañándose en el lodazal impuro del cual Jesús nos rescató.  Es como si una de nuestras manos viviera en pureza y la otra, solo se moviera alimentada por el sexo compulsivo y la inmoralidad.

Muchos de nosotros buscamos a Dios asistiendo a la iglesia, leyendo su Palabra, orando, ayunando y tanto más.  Aún así, la atadura sexual siguió creciendo y tomando control de nuestras vidas.  Nos convertimos en cristianos sofocados y sedientos, deshidratados y secos de espíritu.  ¿Será por esto que Dios nos presenta en este pasaje al hombre con una sola mano seca? ¿No es ésta la historia de nuestra vida?  Secos de una mano, hemos aprendido a vivir dos vidas: Una de santidad y otra de lujuria sexual. Con una mano adoramos a un Dios vivo, servimos al Reino y bendecimos a nuestros hermanos.  Con la otra, nos esclavizamos a la masturbación, la pornografía, la seducción, la llamada sexual ilícita, la infidelidad y mucho más.

Como la enseñanza de Jesús en la sinagoga sobre la oveja que cayó en un profundo hoyo, la lujuria sexual nos tiró a la oscuridad de una fosa de donde no sabíamos cómo salir.  Nada de lo que hicimos y que tenía fachada de religiosidad nos ayudó.  ¿Sabes por qué?  Porque no se trata de hacer, sino de creer y vivir una vida en Cristo.  Por años hemos estado ofuscados con el “actuar” una vida cristiana, donde los ritos y la superficialidad nos siguieron secando por dentro.  Pero hoy, tú tienes la oportunidad que tuvo aquel hombre de la sinagoga.  Más seco por dentro que por fuera, su mano solo reflejaba parte de su sequedad, parte de su esclavitud, parte de su dolor.

¿Y qué tenemos que hacer para lograr una pureza que sobreviva y eche raíces en tu vida?  Mira al hombre de la sinagoga.  Frente a Jesús, él extendió su mano seca y creyó.  Igual podemos hacer nosotros.  Acerca tu mano seca a Jesús.  Extiéndela, porque todo lo que acerquemos al Hijo de Dios se alejará del pecado.  Todo lo que acerques a su agua restauradora tendrá que dejar atrás la sequedad de la compulsión sexual.  Pero hazlo sabiendo que es una vida o la otra.  O el agua vitalizante, o la aridez del desierto.  O la pureza de unas manos restauradas, o la sequedad de unas manos impuras.  Se acabó la vida complaciente de pureza “a medias”; una pureza que, como la camisa, nos ponemos y quitamos cuando nos conviene. Hoy, Jesús anhela que extiendas tu mano seca hacia El.  Así, El cambiará tu mano inútil por una sana y pura.  Porque solo por Amor, Jesús dejará que caiga sobre El la sequedad de tu impureza.  Extiende tu mano seca y, junto a ella, extiende también hacia el Señor tu vida entera.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

 

Pureza Sexual … PARA EL SACERDOTE, PASTOR O MINISTRO ESCLAVIZADO AL PECADO SEXUAL

septiembre 28, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual…

Por los pasados años he visto el aumento consistente de llamadas de pastores y ministros que buscan ayuda para luchar contra la atadura sexual en sus vidas.  Por si alguien no captó las implicaciones de la oración anterior, me refiero a pastores y ministros que viven una doble vida dentro de la iglesia.  Las historias que escucho, vez tras vez, tienen muchos rasgos similares, historias llenas de culpa y dolor, de secreto y vergüenza.  Porque –salvo casos de excepción– este hombre que decidió seguir el llamado de Dios para servirle no es un engañador mentiroso que se ha valido de Dios para establecer un “negocio” religioso.  Este hombre ama profundamente a Dios, pero tiene un corazón dividido.  Con una parte de su corazón aborrece el pecado sexual y con la otra lo busca, añora e idolatra.  Postrado ante el altar de la lujuria, el sexo apartado del diseño de Dios se ha convertido en su ídolo favorito.  En muchos de estos hombres de Dios, el comenzar en el seminario teológico o dedicar formalmente su vida al pastorado se vio como una oportunidad que Dios le daba para dejar en el pasado a la lujuria sexual.  En muchos de ellos se ven marcadas las mismas historias de otros hombres que llegan a nuestro Ministerio:  Hombres abusados sexualmente en su niñez; expuestos a la pornografía cuando eran niños; lanzados al ruedo sexual en su infancia por hermanos, primos o vecinos mayores que los convirtieron en meros objetos de placer carnal.  Ahora, sirviendo al Cuerpo de Cristo, pensaron que su pureza mejoraría y alcanzaría la solidez que en el pasado no habían podido lograr.  Ahora, anclados en una iglesia o ministertemptation_575io, pensaron que Dios los protegería de toda tentación sexual y esta lucha sería cosa del pasado.  La realidad se apartó mucho de las expectativas y buenas intenciones que estos hombres tuvieron.  Llegaron las presiones del pastorado.  Largas horas de servicio dejaban poco tiempo para el matrimonio y la familia.  Leer la Palabra de Dios y orar se convirtieron en “trabajo” que se hacía en anticipo a la predicación o meramente mientras se estaba en la iglesia.  La vida personal no existía.  Se vivía para ser pastor, no para ser esposo, padre o amigo.  Poco a poco estos pastores y ministros se dieron cuenta sobre la profunda soledad de la vida ministerial.  Para servir a Dios –muchos pensaron– no se puede tener amigos; no se socializa y no hay tiempo para disfrutar de la familia y divertirse, aceptando invitaciones en la casa de otras personas.  Con el ajetreo de la vida pastoral, queda poco tiempo para rendir cuentas, para hablar sobre las luchas y problemas familiares que se pueden tener.  De hecho, muchos piensan en las congregaciones que el pastor no tiene problemas personales y en el área de la sexualidad, menos.  Muchos piensan que el pastor es un modelo perfecto a seguir, que no es tentado, que no enfrenta crisis en su hogar y que su vida sexual debe ser de maravilla, siempre.  Entonces, la presión, el aislamiento, la ausencia de rendir cuentas se unen a los rigores de una iglesia que crece y que entre más crece, más demandará del pastor.  Ahí vendrán los grandes proyectos, el aspecto administrativo de la iglesia, las presiones económicas, y horas más largas para pastorear y ministrar a las ovejas.

Con el paso del tiempo, el pastor y el ministro se sigue alejando de su hogar, de su matrimonio, de su tiempo para descansar y compartir con sus seres queridos.  Y ante tantas presiones y conflictos, una “vieja medicina” se asoma en el corazón del pastor para calmarlo y alejarlo de sus problemas, anestesiar sus conflictos, hacerle olvidar que su matrimonio está erosionado y que su esposa y sus hijos están sufriendo los embates de su pastorado.  Esa vieja medicina se llama la lujuria sexual.  Ahí el pastor recaerá en la pornografía, en la masturbación, en las fantasías sexuales, en el problema de la custodia de los ojos, en la extrema cercanía con el sexo opuesto y en otras conductas de alto riesgo que lo pueden llevar al adulterio, incluso con miembros de su propia congregación.  Y para aquellos pastores que han sufrido el deslizamiento gradual por este espiral de perdición, ellos muy bien saben que todas las circunstancias antes mencionadas se mezclarán con el poder, el orgullo, el deseo de reconocimiento y la ausencia de consejeros y protectores para hacer que este pastor siga cayendo más profundo, camino a la destrucción de su familia y posiblemente de su ministerio y congregación.  Y con el deslizamiento gradual por la pendiente resbaladiza de viejos hábitos lujuriosos, la culpa será un puñal que el enemigo usará para herir repetidamente el corazón y la mente del pastor.  “Eres un hipócrita.”  “No vives lo que predicas.”  “Volviste a tu mismo vómito.”  “Eres un mentiroso.” “No vales nada.” “¿A quién crees que estás engañando?”  “Eres un cobarde.”  “¿Cómo te atreves a pararte en el púlpito?”  “Eres un  farsante con la Biblia debajo del brazo.”  Ahora, recibo multiples llamadas a la semana de pastores que se encuentran atados a la lujuria sexual y que están al borde de la desesperación. Algunos de ellos han considerado dejar su pastorado y ministerio; unos, inclusive, han sido atacados en medio de su desesperación con la idea del suicidio, o de abrazar a manos llenas la maldad; otros se afianzan férreamente a sus puestos y prefieren vivir en la doble vida, porque “si alguien se entera de mi pecado, se me cae el kiosco (negocio)…”  La trágica ironía con estos últimos es que prefieren vivir una mentira, perpetuarse en el pecado, destruir sus familias y sus congregaciones y avergonzar al Cuerpo de Jesucristo con tal de no perder su posición como pastores, la fama y exposición que el púlpito les ha provisto y, claro está, los dineros y beneficios que reciben de sus iglesias.  Irónicamente, estos pastores prefieren esperar por el escándalo sexual que los avergüence frente a sus ovejas, que buscar ayuda.

Al preguntarles a estos pastores por qué esperar a que explote el escándalo sexual, en lugar de buscar pureza y restauración, muchas son las respuestas que he recibido, pero en su mayoría, se pueden clasificar en dos grupos:

  • Aquellos con una consciencia adormecida, cuyo corazón se ha oscurecido al punto que piensan que nunca los van a atrapar, que ellos tienen a la lujuria sexual bajo control y que “por lo menos están sirviendo al Señor…”
  • Otros que genuinamente quieren buscar ayuda, que reconocen y aborrecen su pecado, pero no saben dónde ir, están solos y avergonzados, y piensan que van a ser juzgados y condenados donde quieran que vayan.

Ante esta realidad y la petición de pastores valientes que quieren buscar ayuda, restaurar sus vidas y buscar pureza permanente, prefiero extender mi mano para ayudar a levantar, que utilizar mi dedo para acusar y señalar.  No podemos esperar más.  Son tiempos donde tenemos que hacerle el frente a la lujuria sexual donde quiera que se asome en nuestras iglesias y si es en las vidas de nuestros pastores y ministros, mucho más.  ¿Qué podemos hacer?  Pues te pido lo siguiente:

  • Reflexiona si eres un pastor o ministro que luchas en contra de la lujuria sexual y sabes que no has podido lograr libertad, zigzagueando entre periodos de pureza y periodos de pecado sexual que te lanzan a conductas sexuales impropias en tu iglesia, en la calle, o en tu hogar.
  • Reflexiona si eres un pastor o ministro que estás viviendo en pureza, pero sigues luchando grandemente por mantenerla, porque eres fuertemente tentado y no quieres caer.
  • Reflexiona si conoces a otros pastores y ministros que tienen esta misma lucha contra la lujuria sexual y que necesitan ayuda.
  • Reflexiona si estás dispuesto a visitar una “Trinchera” (grupo de apoyo) de nuestro Ministerio e invitar a otros pastores que luchan como tú.

Hoy quiero pensar que Dios te lanza este reto por tu vida, tu familia, tu iglesia, tu ministerio y por el legado de pureza –o lujuria– que habrás de dejarle a tus hijos y a las generaciones venideras.  Da un paso al frente hoy; no esperes un día más.  Experimenta lo que es venir a la luz y quemar bajo la flama incandescente de Cristo tus pecados y luchas sexuales.  Allí, el príncipe de las tinieblas tendrá que salir huyendo, porque él detesta la luz de Dios.   Decide hoy hablar con la verdad; hablar sobre la naturaleza exacta de tu lucha frente a otros pastores y ministros que luchan como tú contra este secreto enemigo.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

Pureza Sexual … ¿DISFRAZAS A TU ESPOSA COMO ACTRIZ PORNOGRÁFICA?

septiembre 25, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Para el hombre casado, una de las áreas donde la lujuria sexual ha querido plantar bandera y confundir más es en el compartir sexual conyugal.  Muchos hombres han abrazado el mito de que “todo es válido” en el lecho conyugal a la hora de tener intimidad sexual.  Esta manera de pensar nos puede meter en serios problemas, porque ignora que la lujuria sexual sólo necesitará la más pequeña grieta para poder entrar con su neblina embriagante y causar una ceguera espiritual en nuestra vista.  Por lo anterior, es imperativo señalar que es posible que la lujuria sexual contamine la pureza de mi matrimonio y convierta a mi esposa en un objeto lujurioso.

Para el hombre que luchó con la pornografía por años, los intensos recuerdos de estas imágenes y películas no se disiparán de la noche a la mañana.  El resultado es que seremos impactados por estos recuerdos en nuestro camino de restauración si no abrimos los ojos y mantenemos la guardia en alto.  Si reconocemos que la lujuria sexual nos convirtió por años en seres egoístas, maantifaznipuladores, mentirosos, tenemos que estar bien vigilantes para no dejarnos engañar por una lujuria sexual que nos dirá que podemos “utilizar a nuestras esposas” como sea necesario, con tal de mantenernos fuera de las otras conductas sexuales más peligrosas.  En el contexto de nuestra lucha contra la pornografía, debes preguntarte con una brutal sinceridad si estás permitiendo que la lujuria sexual transporte “data lujuriosa” de las fotos y películas a tu compartir conyugal.  Con frecuencia escucho a hombres confesar que, en su ceguera y confusión, pretendieron que su esposa se pareciera lo más posible a una actriz pornográfica en el compartir sexual.  Estas exigencias pueden venir acompañadas de otras exigencias en el tipo de ropa que la esposa usa para la intimidad conyugal, las palabras que enuncia, las posturas sexuales que se prefieren, la exigencia sobre juguetes y objetos sexuales, entre otras cosas.  Así que atrévete a preguntarte si anhelas en tu corazón que tu esposa actúe, hable, tenga ademanes y gestos, use ropa, accesorios y objetos típicos de una actriz pornográfica.  Si tu contestación es que sí, entonces, has permitido que la lujuria sexual invada tu lecho matrimonial.

Nada que desfigure la identidad de tu esposa y la “disfrace” para asemejarse a personajes que asocias con tu pasado es saludable, ni sigue la voluntad de Dios.  Al igual que la pornografía, este tipo de conducta hace que nos alejemos de nuestra realidad y anestesia nuestra conciencia.  Pregúntate constantemente el “por qué” de tus peticiones sexuales a tu esposa, a fin de sacar a la luz cualquier germen de lujuria que haya querido contaminar tu pureza conyugal.  Lo que ha ocurrido en estos tiempos modernos es que se han infiltrado en la Iglesia unas vertientes que alegan “sana sexualidad” al promulgar que los cónyuges deben hacerle frente a la lujuria sexual en su matrimonio con más sexo, más conductas eróticas, más fantasía sexual, en fin, más “apertura” y variedad en la sexualidad conyugal.  Esta manera de pensar se fundamenta en que atacando la rutina y el aburrimiento en la alcoba matrimonial con conductas sexuales típicas del Mundo XXX, podremos vencer a la lujuria sexual.  Aunque favorecemos una apertura de los cónyuges en su intimidad sexual, a fin de romper patrones del pasado que veían al sexo como algo sucio, impuro y condenable, no podemos combatir a la lujuria sexual con más lujuria.  La lujuria sexual sólo podrá ser combatida con un compartir lleno de pureza, respeto e integridad entre los esposos. Pretender alcanzar pureza sexual en el matrimonio imitando y copiando las conductas sexuales de un mundo que idolatra a la lujuria sexual no es el camino correcto para el matrimonio Cristiano.

Otros ejemplos de lo antes expuesto, donde el erotismo y sexo desviado se ha infiltrado en nuestros hogares se puede ver en las decisiones erradas de hombres que, por erradicar a la lujuria sexual de sus vidas, han caído nuevamente en sus garras.  Así, hemos visto a hombres que han “reclutado” a sus esposas para entrar en conductas que recrean el tipo de droga lujuriosa de su preferencia. Por ejemplo, hombres que le piden a sus esposas que participen en sesiones de sexo telefónico, que lleven a cabo narrativas de historias eróticas, que practiquen bailes sensuales, similares a la manera de bailar en un negocio de “strippers”, que realicen sesiones de masajes eróticos con fantasías sexuales y que realicen el llamado “role playing,” que no es otra cosa que dramatizar roles eróticos similares a los personajes de sus historias pasadas de pecado sexual.  Muchos de estos hombres se escudan en el hecho de que no incluyen a otras personas –reales o ficticias– en sus fantasías matrimoniales y que sólo realizan estas conductas con su esposa.  Pero la realidad de cómo la lujuria sexual nos engaña con este tipo de argumento es mucho más profunda y desconcertante. Lo que realmente está haciendo este hombre es insertar a su esposa en conductas y escenarios que en el pasado lo llevaron a lujuriar sexualmente.

Una vez más, fuertes preguntas deben hacerse para que abramos los ojos: Cuando llevas a cabo estas prácticas, ¿qué es lo que enciende el fuego de tu excitación sexual, la lujuria o la pureza que ves en tu esposa?  ¿Puedes ver que estos escenarios y prácticas te alejan de tu esposa y te transportan  a un mundo irreal, donde tu esposa es otra persona?  ¿Causan estos ambientes que te distraigas en tu mente, con estímulos externos que en nada se relacionan con tu realidad, con tu esposa, con tu lecho conyugal?  ¿Qué puedo recomendarte para que implementes en tu lucha en contra de la lujuria sexual a fin de proteger tu matrimonio?

  • Primero, te pido, si es posible –aunque cause mucho miedo– que seas transparente con tu esposa en tus luchas por mantenerte puro en el lecho conyugal.  ¿Puede ella escucharlo de ti?  ¿Es ella una aliada tuya en tu lucha contra la lujuria sexual?  Ha caminado tu esposa al lado tuyo este camino de restauración y conoce la magnitud de tus batallas y cómo has alcanzado victorias graduales en contra de la lujuria sexual?  Si puedes contestar afirmativamente a estas preguntas, entonces no hay razón para mantener en la oscuridad lo que debe ser traído a la luz en tu matrimonio, a fin de que la lujuria sexual sea vencida con el apoyo de tu esposa.  Si la contestación es que no tienes la apertura para hablar con tu esposa sobre tus luchas, debes reconocer que tienes una gran reto delante de ti, porque como dice la Palabra, “una casa dividida no podrá prosperar.”
  • En segundo lugar, te pido que mantengas a tu matrimonio lo más alejado que sea posible de la lujuria sexual.  Entre más lejos te encuentres de la lujuria, más puro será tu matrimonio.  La lujuria sexual es muy engañosa y si le abres la puerta de tu casa, entrará sutilmente, pero no descansará hasta haber corrompido hasta la última fibra de tu relación conyugal.
  • En tercer lugar, no impongas a tu esposa conductas sexuales que no son de su agrado, aun cuando las mismas no sean lujuriosas.  Recuerda que –como regla general– entre tu esposa y tú, ella tiene mejores criterios sobre lo que es sana sexualidad, ya que fuimos nosotros los que estuvimos esclavizados a la atadura sexual.  Escúchala, pídele sus recomendaciones y su opinión sincera sobre todo lo que desees compartir con ella sexualmente.
  • En cuarto lugar, mantén una sana estructura de rendición de cuentas con otros hombres de pacto para que puedas ser confrontado en amor sobre cualquier decisión que tenga el potencial de contaminar de lujuria sexual a tu matrimonio.  Aléjate del altar de tu propio entendimiento, de las trampas del enemigo que te dirán que puedes ser tu propio mentor, que no necesitas ayuda.
  • Finalmente, mantén junto a tu esposa un sólido frente común de oración, pidiéndole a Dios que los guíe en la toma de decisiones sobre lo que pueden incluir o no incluir en su compartir sexual. En más de un ocasión, ha sido el Espíritu Santo quien me incomodó con algún detalle en la sexualidad de mi matrimonio.  Luego, al compartírselo a mi esposa, ella lo confirmó, diciéndome: “Dios me estaba inquietando con eso mismo…”

Haz un compromiso de tratar a tu esposa en el compartir sexual como el incomparable tesoro que ella es, como el vaso más que frágil y preciado que Dios ha puesto en tus manos.  Y si tienes dudas sobre algún aspecto de ese compartir conyugal, escoge siempre la alternativa más pura, más íntegra, más apartada de tu pasado y de la lujuria sexual que controló tu vida.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD:  Lee el testimonio de Edwin Bello de cómo pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … TORMENTAS QUE BENDICEN

septiembre 19, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Cuando entró Jesús en la barca, sus discípulos le siguieron. Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. Y llegándose a El, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Y El les dijo: ¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.  Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Quién es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? Mat 8:23-27 

Hoy el poderoso mensaje del Evangelio me habla más directo al corazón que nunca, cuando cada una de sus palabras es propicia para la vida de este Ministerio llamado a meterse en las entrañas del infierno.  ¿Quién –en su sano juicio– podría apreciar y tener la convicción de servir en un Ministerio que día a día se lanza al mundo para buscar la libertad de hombres atados a la lujuria sexual?  Sólo con el poder de Dios, con su gracia, puedo hacerlo sin quedar malherido, sin impactar la paz del hogar, sin salir corriendo para evadir el peso atormentas-vidagobiante de tanta lucha y sufrimiento en las vidas de tantos hombres.  Y es que decidí seguir de cerca a Jesús.  Tan de cerca, que comencé a anhelar su forma de vivir, su ferviente deseo de hacer la voluntad del Padre, su incansable pasión por aquel que estaba perdido, enfermo, atado, o abandonado.  Tan de cerca decidí seguirle que me metí con El en la barca.  Y seguir a Jesús tan de cerca traerá consigo consecuencias.  Porque El mismo dijo que el Hijo del Hombre no tenía siquiera un lugar cómodo donde posar su cabeza.

Vivir una vida que depende de “cosas que no se ven” causará que muchos me llamen loco, o un soñador idealista que ha querido volar sin alas.  Una multitud de gentes, muchas bien intencionadas, vendrán a criticar, a arrojar dudas sobre mis pasos, sobre mi fe.  Y así, dentro de la barca, junto a El, se desatarán las tempestades; el mar y los vientos rugirán amenazantes.  No puede ser de otra manera, porque la barca de Cristo no fue hecha para el mar apacible y la brisa serena.  Su barca fue construida para la tormenta.  ¿Tenía yo la opción de no seguirle?  No tenía esa opción, si reflexiono sobre dónde estaba cuando El vino a rescatarme.  Porque antes de conocer a Cristo, las tormentas de mi vida derrumbada y esclavizada por la lujuria sexual sólo podían llevarme hasta la muerte.  Pero las tormentas de Su barca, sólo podían llevarme hasta Su calma, cuando el mar y los vientos obedecieran su mandato.  Sí, prefiero las olas y los vientos huracanados que cubren y azotan Su barca. Sí, los prefiero mil veces, antes de escoger aquellas tempestades de pecado y de muerte cuando Cristo no descansaba al lado mío.  Y si ahora sólo puedes escuchar los vientos de tormenta y ver las olas que arropan la barca de Jesús, recuerda que El está contigo.  No temas.  No hay ola suficientemente grande, ni viento suficientemente recio como para que esta nave pueda hundirse en la tormenta.  Créelo.  Y si tienes dudas, mira su apacible sueño y tranquilidad en medio de la tempestad. Porque Jesucristo se especializa en confiar y descansar en su Padre cuando la tormenta arrecia.  La gran tempestad vendrá a sacudir la barca y ante el violento vaivén, muchas cosas se caerán por la borda.  No te preocupes.  Esas son las cosas que tenían que perderse, que ocuparon demasiado espacio en la barca para lastrarla y que le daban inestabilidad. Hoy Dios utilizará la tormenta para deshacerse de la carga que no conviene y hacer que su barca tome fuerza.  Mientras que la tormenta del pecado habla de destrucción física y espiritual, esta tormenta de Dios habla de limpieza y un nuevo orden.

Finalmente, espera esa paz que se avecina.  Porque Jesucristo hoy me invita, y te invita a ti también, a creer que si una gran tormenta ha llegado con toda su furia, eso es indicio de que Su calma ya viene en camino.  El es el Príncipe de Paz, quien tiene cuidado de ti en medio de la tempestad.  No te preocupes.  Descansa en El. Duerme a su lado, plenamente confiado.  Los mares y los vientos cederán.  El se levantará en el preciso momento, cuando la tormenta esté rugiendo con mayor fuerza.  Y allí, su diestra de poder y su Palabra podrán un alto inmediato a la amenaza.  Y entonces, entenderás que antes de la calma, la tormenta era necesaria.  Porque Dios necesita la más feroz tormenta para demostrarte que en El hay poder para protegerte en su barca.  Vive confiado, amado, porque Cristo protege tu vida y la vida de los tuyos.  Toda tormenta, todo viento huracanado cederá ante esas hermosas palabras que hoy cubren tu vida en el momento más incierto: “Hágase la Calma”.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

PD: Lee cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … PORNOGRAFÍA: ENFERMEDAD DEL CORAZÓN

septiembre 13, 2014

Saludos a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Una vez más, la computadora me había aprisionado y su agarre mortal me asfixiaba.  Como “perro que regresa a su vómito” me sentía esclavizado a los desperdicios podridos que salían de aquel monitor. Aún sabiendo que toda esa basura pornográfica era un veneno que me mataba lentamente, seguía anhelándolo y llenándome de él.  Allí, derrotado por la lujuria sexual por enésima vez, me Corazon_Roto_4decía a mí mismo:  ¿Cómo puedo seguir cayendo frente a esta porquería pornográfica? Sé que ella me aguarda ahí, escondida tras los bastidores de mi computadora con los mismos trucos y mentiras y no hago nada diferente para defenderme ni contraatacar.”  El comienzo de mi recaída había ocurrido como tantas veces antes, al sentirme sólo, incomprendido y desanimado en esta batalla por mantener mi pureza. En vez de sentirme gozoso por acumular días puros, la pureza se me hacía antipática e incómoda, como aquella camisa que te regalan y que cuando te pones, resulta ser muy pequeña.  ¿Por qué no podía ser puro con alegría y reflejando el poder de Dios? Sólo había podido acumular 29 días libre de la lujuria sexual, sin acceder pornografía, caer en la masturbación, u otras conductas sexuales en la calle.  Entonces, todo se vino abajo aparatosamente.  Allí, mirando mi rostro derrotado en el reflejo de aquel monitor, me dije a mí mismo:  “Nunca podré ser puro. Esto es como una lepra incurable que podrás tratar de esconder, pero que te va pudriendo lentamente de adentro hacia afuera.”

Con el paso de los años y luego de haber sufrido incontables recaídas, me di cuenta que estaba viviendo una pureza artificial: Una pureza obtenida en mi propia fuerza, mediante cambios externos que me mantenían insulado de la lujuria del mundo allá afuera, pero sin realmente hacer cambios en mi interior, en lo profundo de mi corazón. Dentro de mí la lujuria sexual seguía viviendo y echando profundas raíces. Poco a poco me di cuenta que un corazón impuro nunca podrá latir pureza, aunque sea aprisionado en una cárcel alejado de la lujuria sexual.  Un corazón marcado con las cicatrices de la pornografía, la masturbación y el sexo sin control está enfermo y agoniza sin darse cuenta de que su medicina es también su veneno.  Por años intenté guiar el corazón a la pureza usando todas mis fuerzas y fracasé en cientos de ocasiones.  Entonces un día ocurrió…  Me topé con el pasaje del Evangelio de Mateo donde Cristo hizo el milagro de alimentar a la multitud con unos pocos panes y pescados.  Esa era la historia de mi lucha en contra la lujuria sexual: En mis manos, mis limitaciones siempre me derrotarán.  Con mis ojos, con mi mente, con mis recursos, mi escasez, me hará caer vencido ante la tentación. ¿Tiene que ser así? ¡Absolutamente no! Porque mi insuficiencia es suficiente en las manos de Dios.  Si pongo mis limitaciones en las manos de Dios, Él las hará suficientes para romper la esclavitud del pecado. Porque en sus manos, mi limitación es multiplicada por Su amor.  Ahora bien, tendremos que pagar el precio. Porque seremos rotos en las manos de Dios.  Sólo así seremos multiplicados sobrenaturalmente. Porque para que nuestra limitación sea transformada en plenitud, Dios necesita sacar de nosotros lo que estorba, lo que no coopera con Su plan.  Nuestra pureza costará y dolerá… Pero ¿sabes algo? yo prefiero ser roto en las manos de Cristo, que en las garras de la lujuria sexual.  Hoy te toca a ti escoger entre la pureza de Dios y la lujuria del mundo.  Escoge bien.  ¡En la balanza está tu vida y la vida de los tuyos!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

PD: Haz clic aquí para leer cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … MASTURBACIÓN: CUANDO LA DROGA ES TU MANO

septiembre 10, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Recuerdo el sentimiento de escapatoria anestesiante que me produjo descubrirla.  Me vi en otro mundo, a mil años luz de mis problemas, inmune al dolor, inmune al miedo, inmune a todo lo malo que podía pasarme.  Había encontrado la cura para todas mis heridas carnales y espirituales.  Había descifrado el acertijo milenario.  Había aislado el germen de la lujuria sexual en su expresión más impura, solitaria y adictiva: Había encontrado a la masturbación.  Y con tal descubrimiento, me lancé de pecho en los brazos de esta droga para perderme en ella, para escapar y wpid-mano_con_humo_de_color_wallpaper-2012-11-1-21-49anestesiar toda mi realidad, esa que el abuso sexual había contaminado y torcido.  Así, la masturbación se convirtió en mi cura milagrosa, en mi diosa, en la inseparable amiga que siempre me esperaba para complacerme, consolarme y hacerme olvidar cualquier quebranto.

Pero con el paso del tiempo, la masturbación iba perdiendo su poder. Como si mi cuerpo desarrollara anticuerpos y defensas contra mi medicina favorita, el abuso y la violencia de mi carne me causaban un desgaste.  En lugar de liberarme, la masturbación me aprisionaba en una búsqueda descontrolada.  La búsqueda de una satisfacción que cada día se hacía más elusiva.  Me di cuenta que tenía que aumentar los niveles de lujuria y perversión para sentir el mismo estupor anestesiante.  El resultado fue que mi cuerpo no aguantó.  Era un niño con un cuerpo envejecido; un cuerpo gastado por la lujuria sexual.  Así crecí, atado a la masturbación por media vida. Combinándola con pornografía y otro tipo de conductas sexuales que me lanzaban –ya como adulto– desde la soledad de mi cuarto hasta los peligros de la calle para poder buscar más experiencias anestesiantes.

Te preguntarás: ¿Cuándo murió esta sanguijuela que me succionaba la vida?  Todo comenzó cuando me di cuenta que no podría vencer a la lujuria sexual a solas, en negación y justificándome, o echándole la culpa a otros.  Necesitaba asumir mi responsabilidad; hablar y confesar mi atadura a otros hombres iguales que yo, que tuvieran las mismas marcas de mis sanguijuelas, pero ahora viviendo en libertad.  Sólo así, por la gracia de Dios, pude quitarme de encima una atadura que me atormentó por treinta años. Pero tuve que creer que el poder de Dios era –y todavía es– suficiente para limpiar la impureza de mis manos, dándome unas manos sin mancha.  Y luego de creer, tuve que actuar con una fe exagerada y sin reservas.  Por eso, es que si algo me atrevo a pedirte es lo siguiente:  Por favor, nunca te olvides que la lujuria sexual no te dejará ir si asumes medidas mediocres y parciales en contra de ella.  Sólo asumiendo posturas radicales, podrás erradicarla.  La regla para la victoria depende de cuánto realmente la quieres fuera de tu vida.

Recuerda: Dios  no te creó para que vivieras en esclavitud.  El no te creó para que sufrieras, lleno de heridas abiertas e infectadas de dolor y tristeza.  El entregó a su Hijo para cargar todas tus heridas en su cuerpo crucificado para que todo ese dolor, toda esa tristeza, murieran con Él en la cruz y pudieras resucitar –también con Él– a una nueva vida restaurada.  Estás a tiempo.  Y cuando el lazo asfixiante de la masturbación te haga pensar que nunca podrás salir de la prisión, piensa en lo siguiente: En las manos perforadas del Salvador están todas tus masturbaciones.  Jesús permitió que sobre Él cayera tal inmundicia para regalarte unas manos limpias y libres.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD: Lee cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … CRISTIANISMO PORNOGRÁFICO

septiembre 5, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Se despertaba la mañana del domingo y en pocas horas estaría en mi iglesia, levantando estas mismas manos que –hace unos momentos– se enlodaron con esta basura pornográfica; estas manos que cedieron nuevamente a los apetitos de mi carne para intoxicarse con el pecado sexual.  Una catarata de interrogantes invadió mi  mente:

“¿Qué clase de hombre soy?  ¿Acepté a Cristo como mi Salvador genuinamente, cuando caminé hacia aquel altar, o me dejé llevar por mis emociones, al participar en un acto religioso que no tuvo cambios permanentes en mi vida?  ¿Acaso soy un hiphipocritaócrita que vive de apariencias, o un hombre sincero, pero débil, revestido de una carne que siempre me empuja hacia el pecado? ¿Quién realmente soy ¿Seré una víctima inocente, marcada desde mis primeros años por la lujuria de los adultos de mi crianza, o un victimario con culpa, que decidió actuar a espaldas de Dios?  ¿Acaso he vivido toda la vida echándole la culpa de mis debilidades a otras personas, al diablo y al mundo, cuando en verdad soy yo y nadie más que yo mi peor enemigo, el causante de todos mis problemas?  Con el paso de los años cayendo en la lujuria sexual, mi manera de pensar se convirtió en una permisiva y conformista al encarar el pecado:

“Es imposible vivir pureza radical en este mundo tan sexualizado y lleno de ataques sensoriales desde que te levantas hasta que te vas a dormir.”  “Toda persona Cristiana tiene algún ‘pecado escondido’ en su vida.  Pues yo voy a  hacer lo mismo.”  “He tratado de sacar a la lujuria sexual de mi vida con todas mis fuerzas.” ” Aunque no lo he logrado, puedo seguir sirviendo en la Iglesia.”  “Mediante el servicio compenso a Dios por mis pecados sexuales.”

Con esta manera de pensar, me acostumbré a tener una “doble vida” en la iglesia.  Sin poder extirpar a la lujuria sexual, guardé silencio sobre mi atadura y continué haciendo mi “mejor esfuerzo” por ser un hombre Cristiano servicial y activo dentro del Cuerpo de Cristo.  Lo que nunca pude anticipar es que la lujuria sexual –como un cáncer sin tratar– no deja de crecer y enfermar por dentro.  Peor aún, este cáncer bloquea una sana relación con Dios.  ¿Qué ocurrió con mi vida dividida entre la lujuria y Dios? La lujuria siguió aumentando, mientras mi relación con Dios se siguió secando. Con el paso del tiempo, el pecado sexual cauterizó mi consciencia. El pecado sexual ya no me preocupaba y no me producía ni una gota de arrepentimiento.  Me había convertido en un hombre tibio en mi relación con Dios y permisivo en cuanto a mis roces constantes con la lujuria sexual  ¿Puedes identificarte con algunas de mis experiencias?  Si es así, tengo un mensaje para ti:

  • No permitas que la lujuria sexual te haga vivir con un corazón dividido entre el amor a Dios y la idolatría a los caprichos de la carne.
  • No te conformes con un Cristianismo aguado, mediocre, manchado de lujuria sexual.  Ese Cristianismo nunca te permitirá alcanzar la estatura de Cristo, ni los propósitos eternos que Dios tiene para tu vida.
  • No racionalices ni justifiques a la lujuria sexual como “algo” que puedes tener en tu vida sin mayores consecuencias.  La lujuria sexual tiene y tendrá consecuencias graves en tu vida y matará toda posibilidad de una relación sana con Dios.
  • No pienses que puedes lidiar con este enemigo en secreto, solo y en tus propias fuerzas.  Esa es la agenda de la lujuria sexual: convencerte para que pelees con ella a solas, mano a mano, sin la ayuda de nadie más.

De los cuatro “No’s” anteriores, se derivan acciones afirmativas que puedes tomar para romper el ciclo destructivo de la lujuria sexual en tu vida:

  • Arranca de raíz a la lujuria sexual de todo lo que haces y piensas. Hazlo sin contemplaciones, sin negociar con ella.  Una tregua mediocre, donde permitas que la lujuria sexual permanezca en tu territorio, sólo causará que la lujuria sexual siga ganando terreno en tu corazón.
  • Renueva, fortalece y enriquece tu relación con Dios.  Una vida llena de Dios no le dará a la lujuria sexual espacio para infiltrarse.  Entre más cerca estés de Dios, más se alejará la lujuria de ti.
  • Haz inventario sobre todo lo que la lujuria sexual te ha robado; cómo este veneno ha impactado tu vida para hacerte abortar los sueños de Dios; las oportunidades perdidas; las personas dañadas; el tiempo y dinero malgastado.  Teniendo una imagen clara te hará sopesar las consecuencias y el costo de regresar a este camino de perdición nuevamente.
  • Rompe el secreto y el silencio.  Busca a otras personas (de tu mismo género) que se identifiquen con tu lucha.  Rinde cuentas, establece relaciones de pacto y de apoyo para batallar unidos en contra de este enemigo.

Finalmente, te pido que reflexiones sobre lo que realmente es vivir una “doble vida” dentro de la iglesia. Un día me percaté que este término está equivocado cuando se trata del hombre atado al pecado sexual. No se trata de una “doble vida” sino de una vida rasgada por la mitad; una vida empequeñecida y empobrecida por la lujuria y por la carne.  Resulta irónico que la llamemos “doble vida” cuando nada bueno multiplica, cuando lo que hace es robarnos la única vida genuina que podemos vivir en el Señor.

Amado o amada, no pretendas vivir la vida Cristiana como la viví yo por tantos años, como un concurso de simpatías y apariencias. Al final de nuestra vida, ¿que beneficio habrás sacado de tal manera de vivir? Tal vez, con esa “doble vida” te habrás ganado el voto de toda tu iglesia, de tu comunidad, de tu país y del mundo entero, pero nunca te ganarás así el voto e Dios.  A Él nunca podrás engañar.  Estás a tiempo para darle un giro de 180 grados a tu vida y reclamar esa pureza que Cristo ya te ganó al derrotar a la lujuria en la Cruz.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD: Lee cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.  Si eres hombre y deseas participar en nuestras reuniones virtuales, puedes comunicarte lo antes posible conmigo o con  Joel (olijoel@gmail.com) para más información.

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