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Pureza Sexual … ANTE LAS TORMENTAS DE LUJURIA SEXUAL

agosto 21, 2014

Saludos a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

“Aunque camines en la oscuridad y sin un rayo de luz, confía en el nombre del Señor y depende de tu Dios.”  Isaías 50:10

No obstante mis malas decisiones, cuando la lujuria sexual me esclavizó para lanzarme al piso, mi clamor en busca de ayuda se cruzó con el agarre de mi Padre, prometiéndome que todo estará bien.  Y como afirma su Palabra, aunque camine en la oscuridad, si confío en Él, no cabe duda de que Él me levantará de cualquier caída, me sacará del lugar oscuro y me llevará a su aposento de paz.

¿Qué quiero decirte con este compartir?  Que estás a tiempo.  Nuestro Padre escucha cualquier clamor que salga de la boca de sus hijos cuando estemos en el suelo.  Por eso es que cuando caigamos y salga de nuestra boca el grito de ayuda en medio de la tormenta, Él sabrá a dónde dirigirse inmediatamente para buscarnos y levantarnos.

confío en ti....Muchas veces te preguntarás: “Pero es que he caído tantas veces, lo he traicionado tanto….  ¿Cómo podré pedirle ayuda nuevamente?  ¿Seré merecedor de su perdón?”  A mí me tomó muchísimo tiempo entender el corazón de nuestro Padre para darme cuenta de que Él no lleva cuenta de nuestras caídas, porque su amor no acusa ante nuestro arrepentimiento.  Su amor sólo sabe amarnos y levantarnos cuando estamos postrados y buscamos su ayuda.

No repitas, como hice yo por tantos años, el ritual de crear mis propias tormentas, causar mi propia oscuridad, para luego caer al piso a ciegas y buscar cómo levantarme con mis propias fuerzas –rechazando la ayuda de Dios– para tratar de caminar un tiempo mientras la próxima tormenta se fraguaba en la distancia.  La verdad es que nunca saldremos de la oscuridad y las tormentas nunca se acabarán, a menos que no clamemos a nuestro Padre por ayuda y reconozcamos que sin Él, estamos irremediablemente derrotados.

Insisto, para que lo grabes en tu corazón:  Estás a tiempo.  Tu Padre reconocerá tu voz en la oscuridad y vendrá a rescatarte.  Nunca lo olvides.  Porque un Padre nunca se olvidará de la voz de su hijo pidiendo ayuda.  Porque un Padre nunca dormirá tranquilo en medio de la tormenta, si no tiene a su hijo fuertemente abrazado y protegido.  ¿Se lo permitirás?  Entre sus brazos amorosos, no existen las tormentas, ni la oscuridad que te mantuvo postrado y ciego ante el pecado.  Ahí sólo existe la certeza de que ningún mal te alcanzará y de que el abrazo de tu Padre es suficiente para apaciguar los temporales de esta vida.

Le pido a ese mismo Padre que te guarde, te levante y te anime a caminar afianzado a su abrazo por el resto de tu vida.  Porque si lo haces, ¡las tormentas de lujuria se disiparán y los cielos se abrirán al resplandor de una pureza como nunca antes has experimentado!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

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Pureza Sexual … LUJURIA SEXUAL: MENTIROSA QUE RESPIRA ORGULLO

agosto 20, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Al principio, utilicé al sexo compulsivo como una herramienta para escapar de mi realidad y evitar enfrentar a mis “fantasmas.”  Pero la lujuria sexual es una fiera que nunca podrá ser controlada.  Ella siempre te pedirá más y más, hasta que acabe devorándote.

Así, la pornografía y la machained businessmansturbación me permitieron tener una vida aislada, donde el sexo me permitía estar en mi propio mundo, alejado de la gente de carne y hueso. Después, al descubrir los negocios de sexo por dinero, los prostíbulos y las barras de bailarinas, crucé la linea del anonimato y del mundo irreal para poder entrar a ese mundo de perversión donde se mezclaba el sexo con el alcohol para erosionar todas las  inhibiciones.  Ahora, la lujuria sexual me había tirado a la calle, había demandado de mí más peligro y más perdición.  Allí, en ese mundo tan contaminado con todo lo carnal y lo erótico, experimenté la profunda soledad de las personas atadas al sexo.  Sí, estamos solos en medio de la muchedumbre; en medio de tantas personas esclavizadas como nosotros.  Allí veía tantos otros como yo, con los rostros cabizbajos, ensombrecidos, como si la lujuria sexual les hubiera robado las ganas de vivir para todo lo demás que no fuera el sexo y la mentira.

Allí, en ese mundo, vi cómo se mezclan la hipocresía y las apariencias de éxito y alegría con el dolor y el aislamiento que produce la lujuria sexual.  Allí vi a tantos rostros familiares, hombres casados como yo, viviendo dobles vidas, o mejor dicho, vidas rasgadas por la mitad.  Pude ver a los “mejores” profesionales de mi País, malgastando el dinero de sus hogares, dilapidando el tiempo que deberían estar con sus hijos y sus esposas para buscar episodios de placer con mujeres explotadas y victimizadas por la industria del sexo.  Todos éramos perdedores con una fachada de éxito; todos proclamábamos a los cuatro vientos victorias materiales y profesionales, cuando, en verdad, éramos mendigos; sí, mendigos de corazón y espíritu.

Hoy miro hacia atrás y me doy cuenta que la lujuria sexual ataca muchas veces al que más se cree que sabe.  ¿Sabes por qué?  Porque la lujuria sexual cuanta con el orgullo, con nuestro inflado ego para engañarnos.  La lujuria sexual busca víctimas que se creen invencibles, intocables, a prueba de fracasos, para hacerles creer que nunca perderán el control en medio de esta locura.

Y cuando sólo la gracia de Dios y Su misericordia perdonadora me quitaron las vendas, me di cuenta que la lujuria sexual no había resuelto mis problemas, no había calmado mi dolor, ni me había ayudado a escapar de mi realidad.  Estaba en el mismo lugar donde había empezado.  Mi dolor se había multiplicado y se había repartido a tantas víctimas.  Mis problemas y mi realidad estaban allí, esperándome.

Si estás atado a la lujuria sexual, haz un detente y reflexiona sobre la película de tu vida.  En sus promesas pasajeras sólo hay soledad y heridas para ti y para los tuyos.  Hoy le pido a Dios que te permita ver a la lujuria sexual tal y como es, y que cuando ella venga a proponerte placeres pasajeros a cambio de un camino de destrucción, puedas tener la valentía, el carácter y el compromiso para decirle “aléjate de mí, mentirosa; nunca más caeré en tus engaños”.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

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Pureza Sexual … ¿ES LA LUJURIA SEXUAL TU ANESTESIA?

agosto 19, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

El dolor es una parte constante de nuestra vida.  Tiene que ser así, porque no podríamos apreciar el gozo y la alegría si el dolor no nos diera un punto de comparación.  Sin embargo, el placer y la sensualidad de este mundo nos dicen que evitemos el dolor a toda costa.  Así, pretendemos desterrar al dolor de nuestra vida de cualquier manera posible.  Y entre las alternativas, el sexo se nos ofrece como una cura maravillosa.     Años atrás, caí en la trampa de pretender desterrar mi dolor mediante la lujuria sexual.  El sexo compulsivo me hacía escapar de mi realidad y de todo el dolor que entraba a mi vida.  Crecí en un ambiente donde la violencia y el abuso sexual me oprimían.  En ese tipo de ambiente, la lujuria sexual era el vehículo perfecto para escapar donde nadie pudiera hacerme daño.

Con el paso de los años, la fantasía sexual, la masturbación, la pornografía eran mis medicinas favoritas.   El problema es que la lujuria sexual sólo provee una cura superficial y de poco tiempo para nuestro corazón herido.  Pero una vez nuestro corazón se ha acostumbrado a esta cura, recurriremos a ella repetidamente para anestesiarnos.

6513923Hoy puedo entender que no tengo que escapar del dolor, sino que estoy llamado a enfrentarlo y a crecer mediante él.  El sexo ya no es un vehículo de escape en mi vida ni una anestesia para alejarme del dolor. Hoy, el sexo no me esclaviza.  El sexo es parte integral de mi humanidad, pero Dios no lo diseñó para que lo abusara y buscara escapar mediante él de las situaciones que tengo que enfrentar.

Hoy te pido que reflexiones sobre tu sexualidad y si utilizas el sexo para anestesiar tu dolor o escapar de tu realidad.  Reflexiona sobre el costo de esa anestesia.  Cuando pensé que la podía controlar, que la podía dominar, acabé controlado y dominado por ella, hasta convertirme en una marioneta sin voluntad propia.

Hoy pido a Dios que te permita salir de la prisión del sexo, si es que te encuentras allí.  Pido que tus ojos se abran a la verdad que la lujuria sexual te ha escondido por tanto tiempo: El sexo apartado de Dios no da libertad, sino cadenas de esclavitud.  Hoy te lanzo el reto a no anestesiarte más con el sexo compulsivo.  Será más difícil, es cierto.  El dolor vendrá a atacarte con toda su fuerza.  Es entonces que podrás crecer como nunca antes en tu dependencia de Dios.  Pureza echará raíces profundas en el terreno de tu corazón.  Libertad vendrá a tu vida y tu pasado de prisionero encarcelado quedará en el en el fondo de los mares. ¡Créelo!  ¡Es la promesa de Dios para tu vida!

Un abrazo,

Edwin Bello
Fundador

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Pureza Sexual … ¿QUÉ TIPO DE HOMBRÍA ESCOGERÁS?

agosto 18, 2014

Saludos nuevamente, amigos que luchan por defender su pureza sexual en este mundo…

Como niño, solo recuerdo conceptos torcidos sobre la sexualidad.  Ser “hombre” era tener muchas mujeres, flirtear en la calle con ellas como si fueran objetos, utilizar la vista para desnudarlas y poseerlas.  Al Crecer en una cultura latina, el hombre verdadero es muchas veces pintado como el “macho”, aquel hombre que se mide por el historial de sus conquistas sexuales, cuán agresivo puede ser con las mujeres.

Ser “macho” es tener un largo millaje sexual, tener mucha experiencia en la calle, experiencia que se puede obtener en los prostíbulos, en las barras de “strippers” en los lugares frecuentados por personas que buscan el sexo “casual” y sin ningún tipo de compromiso.  Ser “macho” es acceder mucha pornografía para conocer todo lo que el sexo nos permite hacer.  En fin, ser “macho” es darle licencia a tu carne para hacer lo que quiere, cuando lo quiere y cuan frecuentemente lo quiera.

Luego, en la vida de hombres casados, ser “macho” te permite tener una vida de adulterio, porque el mundo te dirá que es imposible serle fiel a una solo mujer.  Así, poco a poco, el “macho” casado va entretejiendo una doble vida, una vida con máscaras y mentiras, llena de apariencias sobre lo que es su comportamiento sexual.

Así fue mi vida por tantos años…  Supe lo que es guardar una apariencia de profesional serio, exitoso, responsable, pero mi vida “privada” estaba llena de adulterios, sexo en la calle y perdición.  Vivía una vida atado a la lujuria sexual, atado al sexo por dinero y, tristemente, no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde para salvar un primer matrimonio que se hizo pedazos en medio de tremendo escándalo.

Ahora, luego de haber caminado tantos episodios de “machismo” desenfrenado, me doy cuenta que una verdadera hombría nada tiene que ver con tus hazañas sexuales, tus conquistas y tus experiencias sexuales en la calle.  Una verdadera hombría debe cimentarse en el propósito de Dios para tu vida y en los principios que el diseñó para una sana sexualidad.  No fuimos creados para la locura del sexo desmedido en la calle.  Por eso, en este mundo que ha levantado tantos altares de idolatría a la lujuria sexual, ser una hombre de verdad requiere mucha más valentía, mucho más valor que lo que ese mismo mundo nos vende.

Un verdadera hombría se mide por tu compromiso de vivir una vida pura; no por las veces que te llevaste a una mujer a la cama, sino por la veces en que le dijiste “no” a la propuesta sexual, a la tentación de caer en esa cama con la chica que te pase por el lado.  Cuando lo vez de esa manera, te darás cuenta de algo:  Ahora es mucho más fácil y conveniente ser “macho”.  Ahora, ser un hombre de verdad es mucho más difícil, es mucho más retante.

Ahora, como hombre casado con tres preciosos hijos y una esposa maravillosa que Dios me dio como segunda oportunidad, ser hombre de verdad es la única alternativa.  Ser un hombre que pueda modelarle a mis hijos, a mis amigos y hermanos lo que es una verdadera hombría.  Vivir una vida pura ahora, ser fiel a mi esposa, dejar un legado de pureza para mis hijos y los hijos de sus hijos es mi brújula.

Por eso es que no cambiaría un segundo de mi vida actual por aquel pasado de locura, aquel pasado vacío que tantas veces intenté llenar con el dios sexo, mientras mi Padre me esperaba…  ¿Qué harás tú?  ¿Qué decidirás ser, un “macho” o un hombre de verdad?

Un abrazo,

Edwin Bello
Fundador

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Pureza Sexual … ACUÉRDATE DE MI, SEÑOR

agosto 15, 2013

Saludos a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

“Y uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!  Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena?  Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo ha hecho.  Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.  Entonces El le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.”  Lucas 23: 39-43

Nadie estaría más cerca de Cristo que yo en la culminación de Su pasión.  Compré mi palco preferente con el precio de mis delitos y la sentencia de muerte que recayó sobre mí para cortar mi vida en plena juventud.  Sí, mi cuerpo mutilado, destrozado por los azotes y los golpes, también se levantaría en el Gólgota como muestra de la violencia de este mundo.  Mis manos y mis pies serían traspasados por la furia de los clavos y el golpe del martillo.  Pero a diferencia de aquel Hombre Galileo, mi sentencia era justa; cada herida, cada golpe, era el resultado de mis delitos.  Yo era merecedor de este suplicio.

No buscaré justificación en mi pasado de abandono, en no tener buenos modelos durante mi crianza, en tenerme que lanzar a las calles desde niño a buscarme mi sustento para sobrevivir.  Esas pudieron ser buenas excusas en algún momento de mi vida, cuando la maldad del pecado me tragó entre sus fauces… Pero luego, cuando  llegó a mí este mensaje de esperanza, supe mejor y no hice nada para enderezar mis pasos.

Sí, yo fui uno de los que escuché el mensaje de Jesus y me alimenté de Su Palabra de Vida, pero lo descarté, pensando que más tarde podría venir a sus caminos, que más tarde tendría otras oportunidades. ¡Qué necio fui!  Permití que el conformismo de este mundo me engañara; permití que mi mente se embriagara con un pensamiento de muerte que ahora me pasaba la factura: que todavía tenía tiempo para buscar una santidad; que no me preocupara por seguir los pasos de Jesús; que todavía me quedaba mucho por vivir.

Ahora, clavado en una cruz que me condena a morir sin esperanza, puedo ver la película de mi vida y darme cuenta que se extinguen mis pasos por esta tierra de manera trágica.  Recibí el sublime regalo de vivir y en lugar de apreciarlo como un tesoro, lo descarté entre vicios y delitos que me sumieron a una densa oscuridad.  Huérfano de sueños, sin un legado que dejar a nadie, sin nada bueno que hable de mí y de lo que hice mientras viví, hoy se acaban mis días.  Nadie se acordará de mí; nadie recordará mi nombre; solo seré un delincuente más que tronchó sus días prematuramente al escoger este camino de muerte.

Aún así, desvanecidas todas mis esperanzas en esta tierra, tengo que confesar que todavía queda una débil llama en mi pecho que la Palabra de este Justo encendió en mí años atrás, cuando escuché desde un monte uno de sus mensajes.  Recuerdo que decía que “los de limpio corazón” eran bendecidos, porque ellos verán a Dios. ¿Sería yo uno de esos? ¿Podría Dios limpiar mi corazón y darme una última oportunidad, aunque fuera para la otra vida?  ¿Tendría yo esperanzas para el Reino de los cielos, allá donde Dios mora y espera por sus hijos?

Entonces, durante todo mi caminar en ruta a la cumbre de este monte lo vi.  Una queja no salió de sus labios.  Más que dolor por sus heridas, lo que veía en su rostro era el dolor por los que lo perseguían y agredían.  Más que pedir justicia, todo lo que hizo fue orar y pedir a Dios que perdonara a todos los que le hacían el mal.  Más que pedir consuelo, consoló a la muchedumbre que lloraba y no entendía este sacrificio. 

Lo vi paso a paso, vestido de mansedumbre y humildad; lo vi llevando una cruz tan pesada como el odio del mundo, pero liviana al compararla con Su amor por esta humanidad que no lo merecía.  Lo vi, despojado de todo lo terrenal, pero revestido de un brillo de eternidad que insuflaba fuerzas y esperanzas para un mañana en otra tierra, en otro mundo, alejado de todo este dolor.  Lo vi, apresado en esa cruz, que para los ojos de muchos destilaba muerte y derrota, pero ante mis ojos esa cruz lo hacía libre y victorioso, en plenitud de vida y gozo.

Entonces, en medio de todo lo majestuoso que mis ojos estaban viendo, se rompió el silencio de aquella cumbre con un grito de desesperación.  El hombre crucificado al otro lado de Jesús abrió su boca para insultarlo, para cuestionarlo sobre esta pasión que Cristo había decidio echarse sobre sus hombros, aun sin merecerla. “¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”

Aquella voz me recordaba otros momentos, cuando mi voz se escuchaba de idéntica manera.  Eran las temporadas cuando intenté escapar de mis problemas sin enfrentarlos, cuando no quería asumir la responsabilidad por mis acciones.  Sí, me escuché en la voz de aquel otro reo de muerte que quería escapar de una condena merecida.

Pero hoy mi boca no se abriría para quejarme de lo que yo mismo me propicié, ni buscaría una escapatoria terrenal a mi dilema.  Hoy, pensaría en la eternidad.  Entonces busqué acallar la voz de aquel otro reo con mis palabras al decirle: “¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena?  Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo ha hecho.”

Sí, esa era la verdad.  Yo merecía morir, pero el Hombre al lado mío merecía vivir.  Yo había sido sentenciado justamente, pero el Hombre al lado mío había sido condenado a la muerte de manera injusta.  Entonces se me ocurrió una alocada idea: Este Hombre no buscaba recompensas terrenales, sino las eternas.  Este Hombre entregaba su vida en esta tierra a cambio de una mejor vida en los cielos.  Clavado en esa cruz, este Hombre ya tenía puesta la mirada en otro mundo, en otro destino: en la casa de Su Padre.

Fue por eso que me atreví.  Me atreví a abrir mi boca una vez más, antes de que el sello de la muerte la enmudeciera para siempre.  Entonces le dije:  “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”  ¿Sí, Señor, podrás acordarte de este malhechor agarrado de un hilo de esperanza, que en la última hora de su vida puede reconocerte y darte la honra que te mereces?

Las palabras de Jesús no se hicieron esperar.  Porque Él se especializa en aquellos del último momento; en los que son arrebatados del reino de las tinieblas en el segundo final.  Su manto de misericordia se extiende por toda la tierra para cubrir a todo aquel que busque salvación aun con el último suspiro de su vida:  “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.”

No se necesitaron más palabras. Su promesa de eternidad era suficiente.  Sus palabras cerraron mis ojos en paz, porque había encontrado la Verdad que se me perdió en el camino.  Hoy podía descansar confiado, porque mañana, cuando despierte, habré abierto los ojos al nuevo amanecer que Cristo, el Lucero de la Mañana, ya me ha prometido.

Mañana seré un ciudadano de Su Reino eterno.  ¡Mañana abriré los ojos y estaré vivo en el Reino de Aquel que me arrebató de la cruz y de la muerte, para darme salvación en mi último momento!

Ahora te toca a ti.  ¿Te atreverás a abrir tu boca, aún cuando nada más quede, para decirle al Salvador que se acuerde de ti?  Hazlo.  No tengas miedo.  Él ya tiene su respuesta preparada y ella encierra una promesa de eternidad.  Si te atreves, tú también abrirás los ojos a una nueva vida en su Reino imperecedero.  ¡Allí vivirás para siempre!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

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Pureza Sexual … TAN SOLO MIGAJAS

julio 23, 2013

Saludos a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

“… al oír hablar de Él, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, fue y se postró a sus pies.  La mujer era gentil, sirofenicia de nacimiento; y le rogaba que echara fuera de su hija al demonio.  Y Él le decía: Deja que primero los hijos se sacien, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Pero ella respondió y le dijo: Es cierto, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos.  Y Él le dijo: Por esta respuesta, vete; el demonio ha salido de tu hija.”  Marcos 7:25-29

¿Hasta dónde llegarías con tal de reestablecer la salud de tu hija que padece de una enfermedad incurable?   ¿Dejarías una piedra sin remover, o un rincón de la tierra sin visitar en busca de una cura?  Ante esa encrucijada se encontraba aquella mujer sirofenicia de quien nos habla el Evangelio.  Porque muchas veces, no es hasta que uno está en el mayor entuerto de su vida, cuando todo se derrumba alrededor nuestro, que miramos al cielo para pedir un auxilio que en nuestra mente no creemos merecer y que pensamos no llegará.

Y aquella mujer gentil, apartada de las costumbres judías, se encontraba al final de una calle sin salida en su noche más oscura, mientras la salud de su pequeña se quebrantaba más y más.  ¿Tocaría a la puerta de un judío, de un Rabino, para que su hija fuese sana?  ¿Qué no haría ella, por su niña?

Así fue que escuchó de aquel hombre, llamado Jesús.  Todos decían que estaba lleno de virtud y gracia del cielo y que curaba los enfermos.  ¿Y qué se necesitaba para que ocurriera uno de esos milagros en la vida de su hija?  Pues creer.  Creer que ese milagro le pertenecía y declararlo a los cuatro cientos, sin dudas, sin reparos.

De tal manera llegó aquella mujer al encuentro con Jesús.  Y allí, cuando pudo ver la misericordia de Dios engendrada y hecha carne, la mujer sirofenicia se postró ante los pies de Cristo a clamar por su milagro.  Pero algo sucedió.  Ante sus ruegos, Jesús aprovechó el momento para aclarar un dilema y plantar un fundamento.  ¿Alcanzará la gracia de Dios a los gentiles, a los que no pertenecen al pueblo escogido de Israel?  Y es aquí que se enuncian aquellas palabras de Cristo, donde le dice a la mujer sirofenicia que primero deben comer el pan los hijos (refiriéndose a los judíos) para que ellos se sacien, porque no está bien que antes se eche el pan a los perrillos.

Y ahora, ante tal pronunciamiento de Cristo, ¿puede decirse algo más?  Mientras la multitud de judíos miraba a la mujer, dirigiendo sus ojos sobre ella como navajas filosas, su boca se abrió para decirle a Jesús aquella respuesta que quedaría perpetuada como una de las más hermosas en todo el Evangelio: “Es cierto, Señor, pero aun los perrillos comen las migajas de debajo de la mesa de sus amos.”  ¿Puedes entenderlo?  ¿Puedes apreciar la medida de fe tan descomunal de aquella mujer?

Aún con las migajas del cielo, aquella mujer tendría su milagro.  Sí, tan solo migajas, de esas que nadie, o casi nadie, valoraría, o vería como suficientes para calmar el hambre.  Porque para poder ver y apreciar una pocas migajas caídas en el suelo e ignoradas por todo el mundo, es necesario tener un hambre extraordinaria.  Sí, un hambre tan fuera de este mundo, tan sobrenatural, como el hambre de aquella mujer sirofencia.  Porque ella solo necesitaría una pocas migajas del Pan de Vida para que la puerta de lo sobrenatural se abriera.  Solo unas pocas e “insuficientes” migajas y su pequeña sanaría.  Y así ocurrió.  Su hija fue sanada cuando el Dios de los imposibles le dijo que para Él todo era posible.

¿Sabes por qué estas migajas hablan a tu vida y a la mía?  Porque lo que es insuficiente para el incrédulo es suficiente para Dios y para el que cree en Él.  Puede ser que la vida te esté ofreciendo en estos momentos solo unas pocas migajas en momentos difíciles; que ante tus ojos carnales la provisión que tienes sea insuficiente.  No te desanimes.  Ahora mira estas migajas con los ojos de la fe.  Ahí verás la suficiencia de Dios en tu vida, porque aunque solo fuera con esas pocas migajas, ¡tu milagro viene!

¿Puedes declararlo así para tu vida?  ¿Puedes creer que con tan solo unas pocas migajas, desprendidas de la mesa de la gracia, ignoradas en el suelo por muchos incrédulos, tu milagro ocurrirá?  Créelo.  Porque le servimos a un Dios que no excluye de su mesa a ninguno de sus hijos y que da más que migajas, da con abundancia a quien se lo pide.  Pídele.  Porque Él tiene mucho más que migajas para ti; ¡Él tiene Sus manos repletas de milagros para transformar tu vida!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

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Pureza Sexual … VENCEDOR DE LA MUERTE, VENCEDOR DE MI IMPUREZA

marzo 31, 2013

Saludos a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

La piedra ha sido removida.  El sello romano ha sido cortado.  Los soldados han huido despavoridos. La tumba está vacía.  El sudario que arropaba el cuerpo muerto de Jesús, yace doblado, como testigo de que no hay muerte que cubrir donde solo existe Vida.

La aparente derrota de la cruz culmina ahora con la resonante victoria del Cristo sobre la muerte. Ahora, todo lo pasado tiene sentido, desde el primer azote, desde la primera burla hasta el “todo está consumado…”  Ahora todo lo por venir, hasta el fin de los tiempos, tiene una razón de ser…

Ahora puedo entender…  Porque el que clavó sobre sí en un madero todas mis iniquidades, todos mis pecados sexuales, todas mis lujurias, ha sido levantado de entre los muertos en un cuerpo glorioso, victorioso, libre de mis impurezas y de las impurezas del mundo. Ahora entiendo su sacrificio… Ahora entiendo por qué decidió echar sobre su cuerpo toda la maldad que no le pertenecía…  Ahora puedo ver por qué aceptó convertirse en maldición ante los ojos perplejos de un mundo que ni lo reconoció como el Hijo de Dios, el Esperado de los tiempos.  Porque sin aquel sombrío viernes, no puede existir un domingo glorioso.  Porque sin la derrota de la Cruz, no hay la victoria de la tumba. Porque sin el dolor de la pasión, no puede existir el gozo de la redención. Porque sin la oscuridad de la muerte, no puede haber una reluciente resurrección.

Sí, abandonó la tumba.  Aquel hueco tallado en la tierra no podía contenerle.  Y con su victoriosa salida de aquella fosa, Él te habla a tí y a mí.  Él te dice que podemos resucitar también a una nueva y gloriosa vida… Muertos al pecado y vivos en Él.  ¿Qué me dice esto de mi lucha contra la impureza sexual?  Pues muchísimo.  Porque el que venció la muerte es el mismo que compró con su sangre el precio de todas mis impurezas.  Porque si Él resucitó, entonces puedo reclamar esa nueva vida, libre de toda atadura sexual.  ¿Sabes dónde están todas nuestras iniquidades sexuales?  En la tumba. Muertas con el viejo hombre.  Sepultadas para siempre.

Jesús, hoy te pido que nunca se me olvide lo que hiciste por mí.  Es imposible que ahora, me quieras ver todavía dentro de la tumba que ya Tú venciste.  Que nunca se me olvide que si venciste sobre la muerte, también venciste sobre mis impurezas.  Que si te levantaste de la tumba, te levantaste puro, libre, sin mancha, triunfante, y de igual manera me quieres ver.

En mis más difíciles momentos, en el fuego de la prueba, cuando tormentas de dudas arrecien, recordaré esta madrugada.  La tumba está vacía.  Mi Cristo ha vencido.  Y su victoria es nuestra herencia.  Somos victoriosos en Él.  La lujuria sexual está derrotada.  ¡La muerte quedó atrapada en la tumba, pero mi Cristo vive!  Que nunca se me olvide…

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

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