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Pureza Sexual … PORNOGRAFÍA: ENFERMEDAD DEL CORAZÓN

septiembre 13, 2014

Saludos a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Una vez más, la computadora me había aprisionado y su agarre mortal me asfixiaba.  Como “perro que regresa a su vómito” me sentía esclavizado a los desperdicios podridos que salían de aquel monitor. Aún sabiendo que toda esa basura pornográfica era un veneno que me mataba lentamente, seguía anhelándolo y llenándome de él.  Allí, derrotado por la lujuria sexual por enésima vez, me Corazon_Roto_4decía a mí mismo:  ¿Cómo puedo seguir cayendo frente a esta porquería pornográfica? Sé que ella me aguarda ahí, escondida tras los bastidores de mi computadora con los mismos trucos y mentiras y no hago nada diferente para defenderme ni contraatacar.”  El comienzo de mi recaída había ocurrido como tantas veces antes, al sentirme sólo, incomprendido y desanimado en esta batalla por mantener mi pureza. En vez de sentirme gozoso por acumular días puros, la pureza se me hacía antipática e incómoda, como aquella camisa que te regalan y que cuando te pones, resulta ser muy pequeña.  ¿Por qué no podía ser puro con alegría y reflejando el poder de Dios? Sólo había podido acumular 29 días libre de la lujuria sexual, sin acceder pornografía, caer en la masturbación, u otras conductas sexuales en la calle.  Entonces, todo se vino abajo aparatosamente.  Allí, mirando mi rostro derrotado en el reflejo de aquel monitor, me dije a mí mismo:  “Nunca podré ser puro. Esto es como una lepra incurable que podrás tratar de esconder, pero que te va pudriendo lentamente de adentro hacia afuera.”

Con el paso de los años y luego de haber sufrido incontables recaídas, me di cuenta que estaba viviendo una pureza artificial: Una pureza obtenida en mi propia fuerza, mediante cambios externos que me mantenían insulado de la lujuria del mundo allá afuera, pero sin realmente hacer cambios en mi interior, en lo profundo de mi corazón. Dentro de mí la lujuria sexual seguía viviendo y echando profundas raíces. Poco a poco me di cuenta que un corazón impuro nunca podrá latir pureza, aunque sea aprisionado en una cárcel alejado de la lujuria sexual.  Un corazón marcado con las cicatrices de la pornografía, la masturbación y el sexo sin control está enfermo y agoniza sin darse cuenta de que su medicina es también su veneno.  Por años intenté guiar el corazón a la pureza usando todas mis fuerzas y fracasé en cientos de ocasiones.  Entonces un día ocurrió…  Me topé con el pasaje del Evangelio de Mateo donde Cristo hizo el milagro de alimentar a la multitud con unos pocos panes y pescados.  Esa era la historia de mi lucha en contra la lujuria sexual: En mis manos, mis limitaciones siempre me derrotarán.  Con mis ojos, con mi mente, con mis recursos, mi escasez, me hará caer vencido ante la tentación. ¿Tiene que ser así? ¡Absolutamente no! Porque mi insuficiencia es suficiente en las manos de Dios.  Si pongo mis limitaciones en las manos de Dios, Él las hará suficientes para romper la esclavitud del pecado. Porque en sus manos, mi limitación es multiplicada por Su amor.  Ahora bien, tendremos que pagar el precio. Porque seremos rotos en las manos de Dios.  Sólo así seremos multiplicados sobrenaturalmente. Porque para que nuestra limitación sea transformada en plenitud, Dios necesita sacar de nosotros lo que estorba, lo que no coopera con Su plan.  Nuestra pureza costará y dolerá… Pero ¿sabes algo? yo prefiero ser roto en las manos de Cristo, que en las garras de la lujuria sexual.  Hoy te toca a ti escoger entre la pureza de Dios y la lujuria del mundo.  Escoge bien.  ¡En la balanza está tu vida y la vida de los tuyos!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

PD: Haz clic aquí para leer cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … MASTURBACIÓN: CUANDO LA DROGA ES TU MANO

septiembre 10, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Recuerdo el sentimiento de escapatoria anestesiante que me produjo descubrirla.  Me vi en otro mundo, a mil años luz de mis problemas, inmune al dolor, inmune al miedo, inmune a todo lo malo que podía pasarme.  Había encontrado la cura para todas mis heridas carnales y espirituales.  Había descifrado el acertijo milenario.  Había aislado el germen de la lujuria sexual en su expresión más impura, solitaria y adictiva: Había encontrado a la masturbación.  Y con tal descubrimiento, me lancé de pecho en los brazos de esta droga para perderme en ella, para escapar y wpid-mano_con_humo_de_color_wallpaper-2012-11-1-21-49anestesiar toda mi realidad, esa que el abuso sexual había contaminado y torcido.  Así, la masturbación se convirtió en mi cura milagrosa, en mi diosa, en la inseparable amiga que siempre me esperaba para complacerme, consolarme y hacerme olvidar cualquier quebranto.

Pero con el paso del tiempo, la masturbación iba perdiendo su poder. Como si mi cuerpo desarrollara anticuerpos y defensas contra mi medicina favorita, el abuso y la violencia de mi carne me causaban un desgaste.  En lugar de liberarme, la masturbación me aprisionaba en una búsqueda descontrolada.  La búsqueda de una satisfacción que cada día se hacía más elusiva.  Me di cuenta que tenía que aumentar los niveles de lujuria y perversión para sentir el mismo estupor anestesiante.  El resultado fue que mi cuerpo no aguantó.  Era un niño con un cuerpo envejecido; un cuerpo gastado por la lujuria sexual.  Así crecí, atado a la masturbación por media vida. Combinándola con pornografía y otro tipo de conductas sexuales que me lanzaban –ya como adulto– desde la soledad de mi cuarto hasta los peligros de la calle para poder buscar más experiencias anestesiantes.

Te preguntarás: ¿Cuándo murió esta sanguijuela que me succionaba la vida?  Todo comenzó cuando me di cuenta que no podría vencer a la lujuria sexual a solas, en negación y justificándome, o echándole la culpa a otros.  Necesitaba asumir mi responsabilidad; hablar y confesar mi atadura a otros hombres iguales que yo, que tuvieran las mismas marcas de mis sanguijuelas, pero ahora viviendo en libertad.  Sólo así, por la gracia de Dios, pude quitarme de encima una atadura que me atormentó por treinta años. Pero tuve que creer que el poder de Dios era –y todavía es– suficiente para limpiar la impureza de mis manos, dándome unas manos sin mancha.  Y luego de creer, tuve que actuar con una fe exagerada y sin reservas.  Por eso, es que si algo me atrevo a pedirte es lo siguiente:  Por favor, nunca te olvides que la lujuria sexual no te dejará ir si asumes medidas mediocres y parciales en contra de ella.  Sólo asumiendo posturas radicales, podrás erradicarla.  La regla para la victoria depende de cuánto realmente la quieres fuera de tu vida.

Recuerda: Dios  no te creó para que vivieras en esclavitud.  El no te creó para que sufrieras, lleno de heridas abiertas e infectadas de dolor y tristeza.  El entregó a su Hijo para cargar todas tus heridas en su cuerpo crucificado para que todo ese dolor, toda esa tristeza, murieran con Él en la cruz y pudieras resucitar –también con Él– a una nueva vida restaurada.  Estás a tiempo.  Y cuando el lazo asfixiante de la masturbación te haga pensar que nunca podrás salir de la prisión, piensa en lo siguiente: En las manos perforadas del Salvador están todas tus masturbaciones.  Jesús permitió que sobre Él cayera tal inmundicia para regalarte unas manos limpias y libres.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD: Lee cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … CRISTIANISMO PORNOGRÁFICO

septiembre 5, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Se despertaba la mañana del domingo y en pocas horas estaría en mi iglesia, levantando estas mismas manos que –hace unos momentos– se enlodaron con esta basura pornográfica; estas manos que cedieron nuevamente a los apetitos de mi carne para intoxicarse con el pecado sexual.  Una catarata de interrogantes invadió mi  mente:

“¿Qué clase de hombre soy?  ¿Acepté a Cristo como mi Salvador genuinamente, cuando caminé hacia aquel altar, o me dejé llevar por mis emociones, al participar en un acto religioso que no tuvo cambios permanentes en mi vida?  ¿Acaso soy un hiphipocritaócrita que vive de apariencias, o un hombre sincero, pero débil, revestido de una carne que siempre me empuja hacia el pecado? ¿Quién realmente soy ¿Seré una víctima inocente, marcada desde mis primeros años por la lujuria de los adultos de mi crianza, o un victimario con culpa, que decidió actuar a espaldas de Dios?  ¿Acaso he vivido toda la vida echándole la culpa de mis debilidades a otras personas, al diablo y al mundo, cuando en verdad soy yo y nadie más que yo mi peor enemigo, el causante de todos mis problemas?  Con el paso de los años cayendo en la lujuria sexual, mi manera de pensar se convirtió en una permisiva y conformista al encarar el pecado:

“Es imposible vivir pureza radical en este mundo tan sexualizado y lleno de ataques sensoriales desde que te levantas hasta que te vas a dormir.”  “Toda persona Cristiana tiene algún ‘pecado escondido’ en su vida.  Pues yo voy a  hacer lo mismo.”  “He tratado de sacar a la lujuria sexual de mi vida con todas mis fuerzas.” ” Aunque no lo he logrado, puedo seguir sirviendo en la Iglesia.”  “Mediante el servicio compenso a Dios por mis pecados sexuales.”

Con esta manera de pensar, me acostumbré a tener una “doble vida” en la iglesia.  Sin poder extirpar a la lujuria sexual, guardé silencio sobre mi atadura y continué haciendo mi “mejor esfuerzo” por ser un hombre Cristiano servicial y activo dentro del Cuerpo de Cristo.  Lo que nunca pude anticipar es que la lujuria sexual –como un cáncer sin tratar– no deja de crecer y enfermar por dentro.  Peor aún, este cáncer bloquea una sana relación con Dios.  ¿Qué ocurrió con mi vida dividida entre la lujuria y Dios? La lujuria siguió aumentando, mientras mi relación con Dios se siguió secando. Con el paso del tiempo, el pecado sexual cauterizó mi consciencia. El pecado sexual ya no me preocupaba y no me producía ni una gota de arrepentimiento.  Me había convertido en un hombre tibio en mi relación con Dios y permisivo en cuanto a mis roces constantes con la lujuria sexual  ¿Puedes identificarte con algunas de mis experiencias?  Si es así, tengo un mensaje para ti:

  • No permitas que la lujuria sexual te haga vivir con un corazón dividido entre el amor a Dios y la idolatría a los caprichos de la carne.
  • No te conformes con un Cristianismo aguado, mediocre, manchado de lujuria sexual.  Ese Cristianismo nunca te permitirá alcanzar la estatura de Cristo, ni los propósitos eternos que Dios tiene para tu vida.
  • No racionalices ni justifiques a la lujuria sexual como “algo” que puedes tener en tu vida sin mayores consecuencias.  La lujuria sexual tiene y tendrá consecuencias graves en tu vida y matará toda posibilidad de una relación sana con Dios.
  • No pienses que puedes lidiar con este enemigo en secreto, solo y en tus propias fuerzas.  Esa es la agenda de la lujuria sexual: convencerte para que pelees con ella a solas, mano a mano, sin la ayuda de nadie más.

De los cuatro “No’s” anteriores, se derivan acciones afirmativas que puedes tomar para romper el ciclo destructivo de la lujuria sexual en tu vida:

  • Arranca de raíz a la lujuria sexual de todo lo que haces y piensas. Hazlo sin contemplaciones, sin negociar con ella.  Una tregua mediocre, donde permitas que la lujuria sexual permanezca en tu territorio, sólo causará que la lujuria sexual siga ganando terreno en tu corazón.
  • Renueva, fortalece y enriquece tu relación con Dios.  Una vida llena de Dios no le dará a la lujuria sexual espacio para infiltrarse.  Entre más cerca estés de Dios, más se alejará la lujuria de ti.
  • Haz inventario sobre todo lo que la lujuria sexual te ha robado; cómo este veneno ha impactado tu vida para hacerte abortar los sueños de Dios; las oportunidades perdidas; las personas dañadas; el tiempo y dinero malgastado.  Teniendo una imagen clara te hará sopesar las consecuencias y el costo de regresar a este camino de perdición nuevamente.
  • Rompe el secreto y el silencio.  Busca a otras personas (de tu mismo género) que se identifiquen con tu lucha.  Rinde cuentas, establece relaciones de pacto y de apoyo para batallar unidos en contra de este enemigo.

Finalmente, te pido que reflexiones sobre lo que realmente es vivir una “doble vida” dentro de la iglesia. Un día me percaté que este término está equivocado cuando se trata del hombre atado al pecado sexual. No se trata de una “doble vida” sino de una vida rasgada por la mitad; una vida empequeñecida y empobrecida por la lujuria y por la carne.  Resulta irónico que la llamemos “doble vida” cuando nada bueno multiplica, cuando lo que hace es robarnos la única vida genuina que podemos vivir en el Señor.

Amado o amada, no pretendas vivir la vida Cristiana como la viví yo por tantos años, como un concurso de simpatías y apariencias. Al final de nuestra vida, ¿que beneficio habrás sacado de tal manera de vivir? Tal vez, con esa “doble vida” te habrás ganado el voto de toda tu iglesia, de tu comunidad, de tu país y del mundo entero, pero nunca te ganarás así el voto e Dios.  A Él nunca podrás engañar.  Estás a tiempo para darle un giro de 180 grados a tu vida y reclamar esa pureza que Cristo ya te ganó al derrotar a la lujuria en la Cruz.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD: Lee cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.  Si eres hombre y deseas participar en nuestras reuniones virtuales, puedes comunicarte lo antes posible conmigo o con  Joel (olijoel@gmail.com) para más información.

Pureza Sexual … ENTRE TUMBAS DE SEXO Y MUERTE

septiembre 2, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

“Y llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos. Y cuando Él salió de la barca, enseguida vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada entre los sepulcros… Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras. Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de Él; y gritando a gran voz, dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro por Dios que no me atormentes. Porque Jesús le decía: Sal del hombre, espíritu inmundo”. Mar 5:1-8

El hombre atado a la lujuria sexual, vive como aquel endemoniado Gadareno que vino al encuentro de Jesús.  Esclavizados por el pecado sexual, éste nos ha llevado a recorrer un camino de muerte, rodeado de sepulcros:  Son los sepulcros que reflejan todo lo que se ha ido muriendo en nuestra vida a causa del sexo apartado de la voluntad de Dios: Nuestra fidelidad conyugal; nuestra vida en el hogar; el respeto a nuestros hijos y familiares; nuestras finanzas; nuestro amor propio, como criaturas del Altísimo; nuestra intimidad con Dios.alone-cementary-cold-grey-path-trees-Favim.com-86572

En medio de un solitario cementerio, caminamos sin rumbo, gritando en nuestro aislamiento e hiriéndonos con las rocas de nuestra culpa, nuestra vergüenza y nuestra incapacidad para encontrar una salida.  Mucha distancia hay entre nuestra locura descontrolada de hoy y las mentiras de la lujuria sexual que al principio nos dijeron que siempre podríamos controlar nuestras decisiones.  La cruda realidad es que fuimos controlados y engañados por una lujuria sexual que siempre tuvo como agenda el esclavizarnos.  El enemigo había logrado su misión: Apresarnos para convertirnos en hombres muertos en vida.  Ahora, el enemigo nos había dado un pasaporte de muerte y contaba los días para lograr su cometido final: No un cementerio material con sepulcros de piedra, sino un cementerio espiritual, donde la muerte fuera eterna, donde la tumba nos apartase de Dios para siempre.

Después de tantos momentos donde pensamos que el pecado sexual era fuente de placeres permanentes y amigos que nunca se irían, vivíamos la soledad de esa mentira que la lujuria sexual nos vendió.  Ahora, sólo quedan los sepulcros, las tumbas de todas esas mentiras que creímos y que ahora nos rodean para recordarnos cuán necios fuimos, cuán hondo caímos en esta trampa que la lujuria sexual nos tendió.  Y aunque vivíamos, la verdad es que moríamos lentamente, como aquel hombre de Gadara, que cada día se parecía más a los muertos inmundos, enterrados y olvidados que le hacían compañía en su soledad.

Pero no todo está perdido. Porque aunque vivimos apresados, aunque nuestra vista está nublada, siempre habrá una luz que pueda traspasar la ceguera más profunda.  Siempre hay un rayo que tiene el poder de abrir la pupila más cerrada, para bañar de luz y revivir a ese ojo que estaba muerto en las tinieblas.  Así pasó con aquel endemoniado Gadareno.  Así puede pasar contigo.  Así pasó conmigo aquel día en que mi mirada se cruzó con Jesucristo.  Y cuando le vi, corrí y corrí a su encuentro.  ¿Sabes por qué corrí?  Porque mi necesidad desesperada por tener al Salvador en mi vida hecha pedazos me hicieron alejarme de todas aquellas tumbas de pecado.  Porque para encontrarme con Jesús, tendré que salir del cementerio; tendré que dejar atrás todo mi pasado de muerte para encontrarme con la Vida.  Haz tú lo mismo.  No pierdas más tiempo entre los sepulcros.  Corre hacia Él y póstrate ante Su presencia.  ¡Ven corriendo!  No importa que huelas a sepulcro. Él es especialista en sepulcros malolientes y hombres putrefactos que de allí salieron amortajados para vivir un vida pura…

Ahora, no hay piedra de inmundicia que te pueda herir, porque estarás firmemente sentado sobre la Roca de la Vida: La Roca inamovible que es Jesucristo.  ¡Hoy, Él quiere regalarte una vida nueva! Escucha su invitación: Los sepulcros inmundos de la impureza sexual dejarán de ser tu morada.  ¡Sé libre hoy de tus sepulcros de impureza!  ¡Esa es mi oración para ti hoy!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

PD: Lee el testimonio de Edwin Bello de cómo pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … AMOR NO ES IGUAL A SEXO: LAS MENTIRAS DEL ABUSO SEXUAL

agosto 29, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

¿Fuiste enmudecido(a) en tu infancia por el abuso sexual?  Si contestas con un “sí” esta pregunta, hoy quiero hablarte.  Quizás, como yo, el niño o la niña de tus primeros años nunca tuvo la oportunidad de abrir su boca para denunciar cómo un adulto violentó su inocencia con lujuria.  Quizás, un agresor sexual disfrazado de persona confiable te convirtió en un juguete para satisfacer sus impulsos lujuriosos.  Hoy quiero decirte que no es tarde para que le des voz a ese niño o a esa niña que creció cargando un cruel secreto de una lujuria que no buscó.  En mi vida, ese niño estuvo enmudecido por más de treinta años, hasta que el dolor se hizo tan insoportable que no pude callarlo más.  El costo de esa espera fue gigantesco y trajo consigo cuantiosas pérdidas y víctimas.  Hoy, te pido que no calles más, que entregues a Uno todo tu dolor y todas tus heridas.  Estarán en buenas manos, porque El ya llevó todas tus heridas en la Cruz del Calvario.  Entrégaselas.  Porque sólo así podrás vivir en libertad.

¿Cómo comenzó toda este caminar para mí?  Sencillamente, confié en ella.  O mejor, dicho, ella se ganó mi confianza.  ¿Cómo no hacerlo?  A los cinco años, confiaba en todos los que estaban cerca de mí, que estaban en  mi casa, que me “cuidaban”.  Y ella sabía cuidarme con ternura y dulzura, especialmente cuando existía una agenda escondida.  Después de mi mamá y mis abutimthumbelas, ninguna otra mujer estaba tan cerca de mí para protegerme y darme lo que necesitara.  Aquella joven me diría que tenía una sorpresa muy especial para mí, tan especial que tenía que ser guardada en secreto entre nosotros.  ¿Podría rechazar ese regalo tan especial que ella me ofrecía; algo que era sólo para nosotros y para nadie más?  Realmente, no se trataba de las “sorpresas” que mi mente ingenua podía concebir.  Más bien, se trataba del despojo violento de una parte de mí.  Una parte que al ser robada dañaría mi concepto de pureza, amor y hombría por gran parte de mi vida.

Luego de aquel primer incidente de abuso sexual, una catarata de sentimientos inundaban mi pequeña mente…  ¿Por qué aquella sorpresa no me causó ningún agrado?  ¿Por qué algo tan “especial” me hacía sentir solo y aterrorizado?  Así, seguí siendo abusado repetidamente, de manera cruel y violenta, por aquella joven que me decía constantemente que me amaba y que estaba seguro con ella.  ¿Por qué no podía entender dónde estaba lo especial y bonito de mi “sorpresa”?  Con el paso del tiempo, aquella joven victimaria se fue de la casa y nunca me atreví a abrir la boca para decirle a mi familia lo que me había pasado.  ¿Por qué?  ¿Podría alguien creerme si la delataba ?  ¿Podría alguien pensar que esa mujer tan buena, que mis padres amaban como una hija, era realmente una abusadora sexual?  Todas estas interrogantes me amordazaron; era mejor callar que decir algo que nadie creería.  A medida que fui creciendo, acepté –luego de mucho negarlo– que aquella joven me había engañado; que su ofrecimiento sólo tenía el fin de robar mi inocencia y cubrirme con su lujuria descontrolada. Entonces, habiendo dejado atrás mi infancia, me fustigaba por haber caído en aquella trampa: ¿Por qué no me di cuenta? ¿Por qué no lo detuve? ¿Por qué confié en ella? ¿Por qué fui tan tonto e inocente?  Una parte de mi ser quería hacerme responsable y culparme por ingenuo, mientras que otra parte de mí entendía que un niño de cinco años no tenía la astucia para entender la maldad que ronda por el mundo.  Luego, cuando decidí dejarme de culpar por aquel abuso, busqué en dónde vertir mi rabia por el engaño del cual fui objeto.  Indudablemente, otra persona que debería pagar por lo que me ocurrió era Dios.  ¿No se suponía que Él me protegiera?  ¿No se suponía que Él cuidara a las criaturas inocentes, en particular cuando la maldad de los adultos pretendía hacerles daño?  ¿No era Dios el protector por excelencia, el Padre que todo lo ve y que no abandona a ninguno de sus hijos, en particular a los más pequeños?  Así, le declaré la guerra a Dios.  Dudé de su existencia por años, porque su existencia era totalmente incompatible con lo que me había pasado.  En mi mente, la conclusión era clara: El abuso sexual de un niño, de una criatura indefensa ante las manos de un adulto pervertido, negaba la existencia de Dios.

Así viví gran parte de mi vida adulta, apartado de un Dios en el cual no podía creer, porque cuando más lo necesité, más ausente y callado estuvo.  Con el paso de los años, aquel niño indefenso se convirtió en un adulto atado a la lujuria sexual, siempre obsesionado con el sexo; un niño enmudecido que nunca dejó de sangrar por aquella herida, porque siempre se resistió a llevarla al Único que podía sanarla.  Entonces, en medio de la destrucción que viví por tres décadas, tuve que rendirme; tuve que reconocer que no tenía en mí el poder para sanarme; no tenía la capacidad para librarme de aquel pasado que me aprisionaba. Entonces, pude entender dónde estaba Dios cuando aquella joven me abusó por meses y meses en mi propia casa: Dios se encontraba allí, conmigo, doliéndose, enjugando  mis lágrimas, cuando uno de sus hijos hizo mal uso de la libertad que le fue conferida; una libertad que nunca se obsequió para que yo fuese abusado sexualmente  Luego de mucho caminar, pude entender algo:  Aunque nunca entenderé por qué la maldad se mueve en el mundo como se mueve, Dios nos ha prometido que TODO El lo tornará para bien, para aquellos que le amamos.  Ahora, puedo ver cómo el dolor de aquel niño puede ayudar a sanar las heridas de otros niños, tal vez de otros niños que crecieron y que nunca se atrevieron a hablar…  ¿Eres tú uno de ellos?

Hoy te suplico que le des voz al niño ultrajado, violentado y abusado de tu infancia; que le permitas hablar para decir lo que nunca pudo decir.  ¿Que lograrás al librarte de la mordaza?  Vindicación en Dios.  Porque tus palabras pueden llegar a otros que necesiten sanidad.  Habla.  Comienza a sanar.  Ese niño, que fue violentado y enmudecido por la lujuria, se lo merece.  Y entonces, no te sorprendas si el Señor te usa para que, con tu testimonio de sanidad, otros sean sanados. Porque este mundo sufre dolores por el pecado sexual que lo rodea.  Mediante tus heridas y tu dolor, permite que Dios te convierta en su instrumento, en bálsamo de sanación para la humanidad.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD: Lee cómo Edwin Bello pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … CUANDO TU OJO TE ESCLAVIZA AL SEXO

agosto 27, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Somos hijos de una sociedad que ha aprendido a cautivar a la gente y estimularnos a comprar sus productos y servicios mediante la seducción visual.  Hoy, nuestros ojos nos impulsan a comprar cosas que no necesitamos, muchas de las cuales nunca usaremos.  Y en este proceso de enamoramiento visual, nuestros ojos han perdido el miedo  y la vergüenza de acudir a los lugares virtuales donde se comercia con el sexo, como si fuéramos otro artículo que se anuncia y se exhibe para la venta.

Ahora, el sexo por la Internet esta a sólo tres “clicks” de distancia y a menos de 10 segundos de tiempo de cualquier persona con una computadora en su escritorio.  Con un enemigo que puede infiltrarsespiandoe por las rendijas de nuestras casas sin que nadie se de cuenta, los retos de la familia cristiana son todavía mayores.  Reflexiona sobre esto… Si permites que tus hijos tengan una computadora con acceso a la Internet en la privacidad de su cuarto, estás permitiendo que tus hijos tengan accesible en sus cuartos una biblioteca pornográfica –con sexo explícito– compuesta por cientos de miles de revistas y videos pornográficos y les estás dejando a ellos, que tomen la decisión de si usan o no esa biblioteca pornográfica.

El problema es que este enemigo comienza a seducirnos con la curiosidad, para lograr que caigamos en una trampa que habrá de esclavizarnos en poco tiempo.  Porque la curiosidad es sólo el anzuelo para causar que mordamos la carnada.  Entonces, la curiosidad dejará de ser el motor que nos lleve calladamente a las páginas pornográficas todas las noches. Lo que nos llevará a la trampa de la pornografía todas las noches es la necesidad de consumir, de ser anestesiado y endrogado por las imágenes visuales que disparan nuestro líbido sexual cuando usamos la pornografía para masturbarnos. Así, nuestros ojos han quedado esclavizados y mal acostumbrados con los miles de estímulos sexuales que se pueden consumir en una sola sesión de acceso a la pornografia cibernética.  Entonces, con nuestros ojos distrofiados y contaminados con la lujuria sexual que vemos todas las noches, nos lanzamos a la calle todos los días para tratar de ordenarle a nuestros ojos que no se enfoquen en la sexualidad de la calle, que no invadan lujuriosamente los cuerpos de las personas que nos rodean, que no ofendan al mirar, que no desnuden a la gente con sus ojos descontrolados.  Bajo esas tristes circunstancias, pedirle pureza a unos ojos endrogados por la lujuria sexual es una imposibilidad.

En unos tiempos donde se nos invita a mirar todo lo que nos venga en gusto y gana, no mirar lo incorrecto es para valientes.  La decisión siempre será nuestra, mientras tengamos el poder para decidir.  Por eso, te recomiendo que no permitas que la lujuria sexual te robe el poder de decidir por lo correcto, por aquello que te acerca a Dios.  Mirar o no mirar debe ser una decisión basada en lo que tus principios te dictan como hombre o mujer de Dios.  No caigas en la redada de esas personas que, aun viviendo en parte una vida cristiana, han permitido que sus vidas queden esclavizadas por el sexo sin control.  Eso sólo te llevará a vivir una vida cristiana a medias, una doble vida llena de mentiras y falsedad.

No claudiques tu poder de decidir.  Dios te lo concedió para que pudieras vivir una vida en libertad, al extremo de poder decidir darle la espalda a Su amor.  Hoy, tienes un gran reto frente a ti…  Decide mantenerte en libertad.  Así y solo así, mirar o no mirar estará basado en una decisión libre y voluntaria; una decisión que espero te mantenga cerca de quien murió en la Cruz por ti para que pudieras vivir sin las cadenas de la lujuria sexual.  Recuerda: si la desnudez de Cristo muriendo por ti en una Cruz te ofende, también  debería ofenderte la desnudez de la pornografía.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD:Lee el testimonio de Edwin Bello de cómo pudo vencer a la lujuria sexual.

Pureza Sexual … HASTA HOY VIVO PRESO DEL PECADO SEXUAL

agosto 26, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

¿Cuántas veces habré escuchado esa frase?  “Mañana me alejo de la lujuria…”  De esta manera, el hombre que sufre la atadura al sexo compulsivo, pierde la vida día a día…

Como toda esclavitud espiritual, nuestra carne y nuestro corazón desean agarrarse hasta el último momento posible de las cadenas que lo esclavizan, pero que también lo mantienen  cautivado.  Para así hacerlo, caemos en la trampa de la postergación.  Atrasamos, damos largas al asunto de buscar libertad para nuestras vidas.

La verdad es que siempre tendremos alguna excusa para no comenzar hoy.  Porque esta atadura es rica en excusas y pobre en compromisos.  “Es mejor que comience mañana, porque hoy ya caí en la pornografía ice with firey en la masturbación…”  “Hoy tengo demasiado de trabajo y estoy muy cansado…”  “Mañana es un mejor día para comenzar porque hoy por la noche me voy a comprometer…”  

Así, de esta manera, ese “mañana” se convierte en miles y miles de días perdidos en la atadura sexual.  ¿Sabes por qué?  Porque la lujuria sexual apuesta a que tu “mañana” no será diferente a tu hoy:  Otra día más en que te levantarás aprisionado al sexo y sin esperanza; otro día más cuando verás que no hay formulas mágicas a cambios instantáneos para levantarse de la cama en libertad.  Así se sigue derritiendo tu vida ante el fuego de la lujuria sexual…

Durante años postergué el buscar ayuda y reconocer que sólo no podía batallar en contra de este gigante.  La palabra “mañana” se convirtió en mi escapatoria, en mi mecanismo de defensa para salir corriendo y no aceptar que mi vida se destruía con velocidad y que sólo si me convencía de eliminar la postergación, podría evitar que acabara estrellado contra la pared de mi negación.  Porque el siguiente eslabón en la cadena de nuestra atadura –ese que va al lado del eslabón de la postergación– es el eslabón de la negación.  Día tras día negué que mi “problemita” fuera tan grande, tan urgente o peligroso; negué que las cosas seguían empeorando…  Negué que me estaba haciendo daño, o que le estaba haciendo daño a otras personas en mi vida.

¿Sabes por qué las trampas de la postergación y de la negación son tan destructivas para el hombre que lucha contra la lujuria sexual?  Porque entre más tiempo pase, más nos hundiremos en la fosa profunda y oscura de esta atadura y menos fuerzas tendremos para salir de tal profundidad y oscuridad.  Te pregunto: ¿Por qué no comienzas hoy?  ¿Por qué no te atreves a enfrentar a la lujuria sexual cara a cara y sorprenderla con las dos palabras que ella más detesta?  “Hasta hoy…”  Si lo haces, si te atreves a tomar este reto, verás que la lujuria sexual sí puede ser desterrada de tu vida.  Declara que hasta hoy eres engañado por sus trampas y por sus seducciones; que hasta hoy dejarás a un lado el proceso de restauración más importante de tu vida.

Amado o amada: puedes ser libre; puedes levantarte del piso y erguir nuevamente tu cabeza sin sentirte avergonzado y derrotado por la lujuria sexual.  Comienza.  Que nada ni nadie te detenga.  No importa lo que sea, trabajo, estudios, amistades, familiares, compromisos, estilos de vida, rutinas, hábitos, miedos e inseguridades…  Nada es suficientemente importante como para detener la decisión de romper tus cadenas y que camines en libertad.

Puede ser que no te lo creas.  Puede ser que no sientas que tienes dentro de ti lo que se necesita para derrotar a este gigante.  Si así te sientes, has comenzado bien…  Porque la realidad es que no tienes dentro de ti la fuerza, la convicción, lo que se necesita para ser victorioso… Recluta a Dios en este proceso.  Reconoce que sólo con Su gracia con Su amor, podrás alcanzar la libertad que tanto deseas y que El tanto anhela darte. ¿Comenzarás?  Hazlo, porque te espera una nueva vida libre de ataduras, donde la lujuria sexual sea solo un espejismo del pasado.  ¡Adelante!  ¡Dios te acompaña!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!


PD: Lee cómo Edwin Bello de cómo pudo vencer a la lujuria sexual.

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