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Pureza Sexual … PARA EL SACERDOTE, PASTOR O MINISTRO ESCLAVIZADO AL PECADO SEXUAL

septiembre 28, 2014

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual…

Por los pasados años he visto el aumento consistente de llamadas de pastores y ministros que buscan ayuda para luchar contra la atadura sexual en sus vidas.  Por si alguien no captó las implicaciones de la oración anterior, me refiero a pastores y ministros que viven una doble vida dentro de la iglesia.  Las historias que escucho, vez tras vez, tienen muchos rasgos similares, historias llenas de culpa y dolor, de secreto y vergüenza.  Porque –salvo casos de excepción– este hombre que decidió seguir el llamado de Dios para servirle no es un engañador mentiroso que se ha valido de Dios para establecer un “negocio” religioso.  Este hombre ama profundamente a Dios, pero tiene un corazón dividido.  Con una parte de su corazón aborrece el pecado sexual y con la otra lo busca, añora e idolatra.  Postrado ante el altar de la lujuria, el sexo apartado del diseño de Dios se ha convertido en su ídolo favorito.  En muchos de estos hombres de Dios, el comenzar en el seminario teológico o dedicar formalmente su vida al pastorado se vio como una oportunidad que Dios le daba para dejar en el pasado a la lujuria sexual.  En muchos de ellos se ven marcadas las mismas historias de otros hombres que llegan a nuestro Ministerio:  Hombres abusados sexualmente en su niñez; expuestos a la pornografía cuando eran niños; lanzados al ruedo sexual en su infancia por hermanos, primos o vecinos mayores que los convirtieron en meros objetos de placer carnal.  Ahora, sirviendo al Cuerpo de Cristo, pensaron que su pureza mejoraría y alcanzaría la solidez que en el pasado no habían podido lograr.  Ahora, anclados en una iglesia o ministertemptation_575io, pensaron que Dios los protegería de toda tentación sexual y esta lucha sería cosa del pasado.  La realidad se apartó mucho de las expectativas y buenas intenciones que estos hombres tuvieron.  Llegaron las presiones del pastorado.  Largas horas de servicio dejaban poco tiempo para el matrimonio y la familia.  Leer la Palabra de Dios y orar se convirtieron en “trabajo” que se hacía en anticipo a la predicación o meramente mientras se estaba en la iglesia.  La vida personal no existía.  Se vivía para ser pastor, no para ser esposo, padre o amigo.  Poco a poco estos pastores y ministros se dieron cuenta sobre la profunda soledad de la vida ministerial.  Para servir a Dios –muchos pensaron– no se puede tener amigos; no se socializa y no hay tiempo para disfrutar de la familia y divertirse, aceptando invitaciones en la casa de otras personas.  Con el ajetreo de la vida pastoral, queda poco tiempo para rendir cuentas, para hablar sobre las luchas y problemas familiares que se pueden tener.  De hecho, muchos piensan en las congregaciones que el pastor no tiene problemas personales y en el área de la sexualidad, menos.  Muchos piensan que el pastor es un modelo perfecto a seguir, que no es tentado, que no enfrenta crisis en su hogar y que su vida sexual debe ser de maravilla, siempre.  Entonces, la presión, el aislamiento, la ausencia de rendir cuentas se unen a los rigores de una iglesia que crece y que entre más crece, más demandará del pastor.  Ahí vendrán los grandes proyectos, el aspecto administrativo de la iglesia, las presiones económicas, y horas más largas para pastorear y ministrar a las ovejas.

Con el paso del tiempo, el pastor y el ministro se sigue alejando de su hogar, de su matrimonio, de su tiempo para descansar y compartir con sus seres queridos.  Y ante tantas presiones y conflictos, una “vieja medicina” se asoma en el corazón del pastor para calmarlo y alejarlo de sus problemas, anestesiar sus conflictos, hacerle olvidar que su matrimonio está erosionado y que su esposa y sus hijos están sufriendo los embates de su pastorado.  Esa vieja medicina se llama la lujuria sexual.  Ahí el pastor recaerá en la pornografía, en la masturbación, en las fantasías sexuales, en el problema de la custodia de los ojos, en la extrema cercanía con el sexo opuesto y en otras conductas de alto riesgo que lo pueden llevar al adulterio, incluso con miembros de su propia congregación.  Y para aquellos pastores que han sufrido el deslizamiento gradual por este espiral de perdición, ellos muy bien saben que todas las circunstancias antes mencionadas se mezclarán con el poder, el orgullo, el deseo de reconocimiento y la ausencia de consejeros y protectores para hacer que este pastor siga cayendo más profundo, camino a la destrucción de su familia y posiblemente de su ministerio y congregación.  Y con el deslizamiento gradual por la pendiente resbaladiza de viejos hábitos lujuriosos, la culpa será un puñal que el enemigo usará para herir repetidamente el corazón y la mente del pastor.  “Eres un hipócrita.”  “No vives lo que predicas.”  “Volviste a tu mismo vómito.”  “Eres un mentiroso.” “No vales nada.” “¿A quién crees que estás engañando?”  “Eres un cobarde.”  “¿Cómo te atreves a pararte en el púlpito?”  “Eres un  farsante con la Biblia debajo del brazo.”  Ahora, recibo multiples llamadas a la semana de pastores que se encuentran atados a la lujuria sexual y que están al borde de la desesperación. Algunos de ellos han considerado dejar su pastorado y ministerio; unos, inclusive, han sido atacados en medio de su desesperación con la idea del suicidio, o de abrazar a manos llenas la maldad; otros se afianzan férreamente a sus puestos y prefieren vivir en la doble vida, porque “si alguien se entera de mi pecado, se me cae el kiosco (negocio)…”  La trágica ironía con estos últimos es que prefieren vivir una mentira, perpetuarse en el pecado, destruir sus familias y sus congregaciones y avergonzar al Cuerpo de Jesucristo con tal de no perder su posición como pastores, la fama y exposición que el púlpito les ha provisto y, claro está, los dineros y beneficios que reciben de sus iglesias.  Irónicamente, estos pastores prefieren esperar por el escándalo sexual que los avergüence frente a sus ovejas, que buscar ayuda.

Al preguntarles a estos pastores por qué esperar a que explote el escándalo sexual, en lugar de buscar pureza y restauración, muchas son las respuestas que he recibido, pero en su mayoría, se pueden clasificar en dos grupos:

  • Aquellos con una consciencia adormecida, cuyo corazón se ha oscurecido al punto que piensan que nunca los van a atrapar, que ellos tienen a la lujuria sexual bajo control y que “por lo menos están sirviendo al Señor…”
  • Otros que genuinamente quieren buscar ayuda, que reconocen y aborrecen su pecado, pero no saben dónde ir, están solos y avergonzados, y piensan que van a ser juzgados y condenados donde quieran que vayan.

Ante esta realidad y la petición de pastores valientes que quieren buscar ayuda, restaurar sus vidas y buscar pureza permanente, prefiero extender mi mano para ayudar a levantar, que utilizar mi dedo para acusar y señalar.  No podemos esperar más.  Son tiempos donde tenemos que hacerle el frente a la lujuria sexual donde quiera que se asome en nuestras iglesias y si es en las vidas de nuestros pastores y ministros, mucho más.  ¿Qué podemos hacer?  Pues te pido lo siguiente:

  • Reflexiona si eres un pastor o ministro que luchas en contra de la lujuria sexual y sabes que no has podido lograr libertad, zigzagueando entre periodos de pureza y periodos de pecado sexual que te lanzan a conductas sexuales impropias en tu iglesia, en la calle, o en tu hogar.
  • Reflexiona si eres un pastor o ministro que estás viviendo en pureza, pero sigues luchando grandemente por mantenerla, porque eres fuertemente tentado y no quieres caer.
  • Reflexiona si conoces a otros pastores y ministros que tienen esta misma lucha contra la lujuria sexual y que necesitan ayuda.
  • Reflexiona si estás dispuesto a visitar una “Trinchera” (grupo de apoyo) de nuestro Ministerio e invitar a otros pastores que luchan como tú.

Hoy quiero pensar que Dios te lanza este reto por tu vida, tu familia, tu iglesia, tu ministerio y por el legado de pureza –o lujuria– que habrás de dejarle a tus hijos y a las generaciones venideras.  Da un paso al frente hoy; no esperes un día más.  Experimenta lo que es venir a la luz y quemar bajo la flama incandescente de Cristo tus pecados y luchas sexuales.  Allí, el príncipe de las tinieblas tendrá que salir huyendo, porque él detesta la luz de Dios.   Decide hoy hablar con la verdad; hablar sobre la naturaleza exacta de tu lucha frente a otros pastores y ministros que luchan como tú contra este secreto enemigo.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

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