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Pureza Sexual … LO QUE “ASHLEY MADISON” NO TE DIJO

septiembre 13, 2015

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

“Entonces los reyes de la tierra, los que con ella adulteraron y vivieron en deleites, llorarán y harán lamentación cuando vean el humo de su incendio”.  Apocalipsis 18:9

El seductor rostro de una joven sella sus labios con un dedo para invitarte a guardar un secreto. Mientras esta imagen se te mete por los ojos e impacta hasta la fibra más íntima de tu alma, la famosa frase te transporta al fantasioso mundo de lo que es prohibido y clandestino sexualmente:  “La vida es demasiado corta, decide tener una aventura.”   Y lanzada la carnada, medio mundo se postró ante el altar del adulterio. Hemos sido testigos del escándalo sexual que ha involucrado más gente en la historia de la humanidad. Nunca en nuestro caminar por esta tierra hemos presenciado a 39 millones de personas de 53 países siendo sorprendidas a la vez en actos de infidelidad matrimonial.  Sodoma y Gomorra sumado al Imperio Romano de Calígula palidecen ante la realidad que “Ashley Madison” nos ha mostrado.  Y si esto resulta increíble, más increíble es saber que después del escándalo, sobre 2 millones más de usuarios se han hecho miembros de la célebre página de adulterio.  Esto habla de quiénes realmente somos, versus quiénes aparentamos ser.  Esto habla de nuestra consciencia erosionada y de nuestra decisión de repudiar abiertamente, sin vergüenzas ni miedos, la fidelidad del pacto conyugal.  Y en medio de la crisis, historias trágicas comienzan a surgir, como la del esposo cristiano con la serie de televisión, poradultery-infidelity-shutterstock_101088994tavoz de la fidelidad y de los más altos principios familiares y que al ser sorprendido con varias cuentas en la citada página, se auto-nominó como “el hipócrita más grande de la historia”.  ¿Y qué del reconocido Pastor y teólogo norteamericano, hijo del fundador de una de las más prestigiosas instituciones cristianas de los Estados Unidos, que al ser identificado con una de estas cuentas, reconoció su caída, diciendo que fue por “curiosidad” y que como nunca llegó al acto sexual, no había sido infiel?  Y tan reciente como esta pasada semana, un pastor de 56 años, esposo y padre de dos jóvenes, maestro del instituto teológico de la primera Iglesia Bautista de Nueva Orleans, no pudo resistir la culpa, la verguenza y el dolor causado a su familia y comunidad y acabó quitándose la vida en su propio hogar.  No es necesario mencionar sus nombres, porque la realidad es que podría ser el mío o el tuyo, o el de un pastor que conocemos o el de un miembro de nuestra familia.  Nadie está exento a la tentación del pecado sexual. Nadie.   Y el que se lo crea que se preocupe, porque su orgullo lo llevará hasta el suelo.  ¿No fue eso lo que ocurrió con David, Salomón y Sansón?  Si el más espiritual, el más sabio y el más fuerte cayeron en el pecado sexual, tu y yo no somos más que ellos.

Por eso es que Dios me ha tenido varias semanas haciéndome una pregunta.  Es la pregunta que da pie a este artículo:  ¿Qué fue lo que “Ashley Madison” no dijo para seducirnos con su carnada de infidelidad? Hoy te pido que guardes atención a estos principios, porque esta no será la última vez que listas y páginas como estas acabarán en un escándalo cibernético.  Este es solo el comienzo.  Esta es la punta del “iceberg” que muestra un poco de nuestra verdad sexual:  Una minoría aprecia y respeta la fidelidad del matrimonio.  Una minoría enunció de verdad aquel voto que dice: “y prometo serte fiel, en la riqueza y en la escasez, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe.”  Porque la verdad es que el 85% de los hombres cristianos son adúlteros en la calle físicamente, o frente a la computadora, de manera virtual.  Y el porciento de las mujeres sigue creciendo, alcanzando ya un 40%.  Y muchos pensarán que estas estadísticas son para los “del mundo” para “los impíos que no conocen a Dios”.  La realidad es que estos datos estadísticos reflejan la realidad de los Cristianos, de los que van a la iglesia todos los domingos, de los que oran y leen la Biblia durante la semana. Por esto es que es indispensable que abramos los ojos y reconozcamos que el pecado sexual sigue socavando los cimientos de nuestras iglesias y estas iglesias están más preocupadas en sus proyectos, en sus entretenimientos, que en sanar a la gente y a sus líderes, excepto cuando son sorprendidos en un desliz sexual.  Y aceptando el reto que Dios me ha dado, hoy me pongo en los zapatos de algunos de esos pastores que cayeron, hablando como ellos hablarían luego de sus tragedias personales, porque no hay mayor disuasivo para este pecado de la carne que reflexionar sobre las destructivas consecuencias de “si me hubiera pasado a mi”…  Así que comienzo:

En primer lugar, “Ashley Madison” nunca me dijo que sería sorprendido en mi infidelidad.  Por el contrario, la seductora imagen siempre me alentó a suscribirme porque mi adulterio sería secreto y nadie se habría de enterar.  Ahora me doy cuenta que, como todo pecado, el adulterio siempre será descubierto, porque no hay una mentira que dure para toda la vida.  Con esta mentira, mi carne se lanzó a la “aventura” de pecar sexualmente, porque todo permanecería en lo secreto.  En la oscuridad de mi cuarto pediría perdón y abusaría de la misericordia de Dios, diciéndole que estaba arrepentido… Sin embargo, mi arrepentimiento era hueco, era un disfraz religioso para limpiarme por fuera… La verdad es que nunca tendré un corazón arrepentido, si no desprecio el pecado.  La verdad es que este pecado me tiene atrapado.  Lejos de despreciarlo, entre más lo abrazo, más me gusta y más me aprisiona.  En segundo lugar, “Ashley Madison” nunca me dijo que el adulterio que cometo no solo me hace daño a mí, sino que también tiene víctimas inocentes.  Sin darme cuenta, el adulterio me corrompió lentamente.  El proceso es lento, porque así de astuta es la lujuria sexual para enredarme entre sus garras sin que yo busque ayuda.  Entre más adulterio busqué, más adulterio pedía mi corazón corrupto. Había roto el sagrado sello de la exclusividad.  Ahora, el apetito carnal por la variedad me asfixiaba.  Y sin poderlo descifrar de la seductora imagen con la erótica sonrisa, Ashley Madison nunca me dijo que el adulterio es como un filoso puñal envenenado de mentiras que se clava en lo profundo del corazón inocente de mi esposa, para causarle un dolor como ella nunca había experimentado.

Y como parte de este segundo principio, Ashley Madison nunca me dijo que el adulterio también involucraba a mis hijos, porque Dios me pidió, y yo acepté con mis votos ante el altar, traerlos al mundo en medio de un matrimonio puro y fiel.  Ahora, con los ojos abiertos ante la realidad de este escándalo, veo a mis hijos destruidos por mi apetito sexual desordenado.  Veo que mi hambre por el sexo pudo más que mi amor y respeto por ellos.  Veo que Dios los trajo al mundo para ser bendecidos y yo lo trastoqué todo con mi adulterio.  Ahora mi pecado los marcaba injustamente con la cruel etiqueta de “hijos de un adúltero; hijos de un cobarde que no supo mantener la cremallera de su pantalón arriba.”  Ahora, ante la realidad del adulterio que me quitó la máscara y que me dejó con el rostro al descubierto, como verdaderamente soy, puedo ver que he sido destructor de mi matrimonio y de mi hogar; asesino del respeto de mis hijos y de la honra de mi esposa.

En tercer lugar, Ashely Madison nunca me dijo que las consecuencias en dolor, verguenza, y traiciones serían tan grandes que producirían en mí una desesperación tal que me llevaría a contemplar el suicidio u otras locuras.  ¿Quitarme la vida? ¿Yo? ¿Cómo es posible que un hombre de Dios, un pastor, un Ministro que conoce la Palabra y la verdad de Cristo vea en el suicidio una alternativa real? No debe de sorprendernos, porque la agenda del enemigo siempre ha sido matarnos, robarnos y destruirnos.  Y cuando hemos puesto la fama, el poder, el dinero, el sexo o una mezcla de todas las anteriores en nuestro altar, se nos “quiere ir la vida”, cuando un escándalo amenaza con despojarnos de todo.  En cuarto lugar, Ashley Madison nunca me dijo que una aventura de infidelidad sería menos placentera que el placer que se destila del amor en el matrimonio y la familia.  La cruda realidad es que estos placeres carnales siempre vienen mezclados con acusación, culpa y soledad.  ¿De verdad vale la pena sacrificar tu matrimonio y tus hijos por una mentira que encubres en lo secreto de tu corazón esclavizado?  Te propongo algo: ¿Por qué no inviertes en tu esposa, en tu familia, lo que quieres invertir en un(a) amante que solo ve en ti una fuente de dinero, o un escape sexual a corto plazo?  Si inviertes en tu matrimonio, éste dará frutos de amor y gozo. Si inviertes en tu aventura de adulterio, darás a luz destrucción y muerte.

Ahora puedo ver otro ángulo de la famosa frase que vino a seducirnos:  La vida es demasiado de corta. No la manchemos.  No la dañemos.  No perdamos la oportunidad de honrar nuestro matrimonio y nuestros hijos con una pureza y una fidelidad a prueba de todo y de todos, durante esta breve vida. Porque lo que aquí hagamos, en estos cortos años, tendrá consecuencias en la eternidad.  Hoy declaro que mi matrimonio, y el de todos nosotros, es demasiado de preciado, demasiado de sagrado y valioso como para mancharlo con las mentiras y seducciones de una ramera cibernética.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

http://www.purezasexual.com

http://www.purezainvencible.com

http://www.sexualpurity.net

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