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Pureza Sexual … ESTA CARNE NO APRENDE PUREZA

septiembre 19, 2015

Saludos nuevamente a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

“Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne.  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis.”  Gálatas 5:16-17.

Quiero compartirte una colorida fábula.  Ella nos cuenta la historia de un hombre que era experto domador de animales y llevaba su peculiar espectáculo por las diversas ciudades de un lejano reino. Al llegar con su desfile de perros, chimpancés, leones y elefantes, el ambiente de feria circense inundaba toda la comarca. Llegando a una pobre ciudad, un famoso timador del pueblo le retó con una apuesta: “Veo que tiene una variedad impresionante de animales, pero le reto a que le enseñe en una semana a un gato a comportarse como un caballero en su espectáculo, de tal manera que pueda, durante un minuto, sentarse a la mesa y cenar una fina comida, vestido de etiqueta.  ¡Los gatos son imposibles de amaestrar!  ¡Mi apuesta es de 50 monedas de oro!”  Ante el valor de la apuesta ofrecida, el experto aceptó el reto del timador e inmediatamente se dio a la tarea de conseguir a un gato que pudiera ser amaestrado.  Con trabajo intenso adquirió una gato muy inteligente y comenzó a enseñarle a cómo caminar en dos gato-vestido-etiquetapatas y comer en una mesa vestido como un caballero.

Llegado el momento acordado, todo el pueblo se congregó en la plaza para ver el espectáculo del experto domador de animales. Abiertas las cortinas del escenario, la gente suspiró con asombro ante la visión de una hermosa mesa, vestida con blanco mantel, fina vajilla y cubiertos de plata. Luego, todo el mundo quedó boquiabierto al ver al gato haciendo su entrada, vestido de negra etiqueta y sombrero de copa.  Con finos movimientos, el gato caminó en dos patas hasta la mesa y se sentó en una silla de madera oscura, revestida de rojo terciopelo. Tomando los cubiertos con sus patas delanteras, el gato se dispuso a cenar unos exquisitos manjares bajo la luz de brillantes candelabros.  La gente no lo podía creer… El domador sonreía, inflado de orgullo.

Y justo cuando la muchedumbre comenzaba a aplaudir y estaba a punto de expirar el minuto de la apuesta, el timador rebuscó en su bolsillo hasta encontrar un ratón que tomó por la cola y puso sobre el mantel para que corriera a lo largo de la mesa.  De inmediato se desató un caos, cuando el gato salió disparado para lanzarse sobre el ratón.  El sombrero de copa rodó por el suelo. Volaron los cubiertos, los manjares y las copas de vino, mientras se escuchó el estruendo de la fina vajilla cuando se hacía pedazos en medio de la escaramuza entre el gato y el roedor. Un silencio sepulcral invadió la plaza.  Un silencio que solo quebró la voz del timador para decir a carcajadas: “Solo se necesita un ratón para recordarle a un gato su verdadera naturaleza.”

Así mismo es la carne y su testaruda naturaleza para rendirse ante los placeres del pecado. La carne y el espíritu están en constante guerra dentro de nosotros.  ¿Cuál es la meta de esta batalla?  Conquistar la mente.  Quien conquista la mente gana.  Si permitimos que nuestra mente se enfoque en las cosas de la carne, como lo es el apetito desordenado por un sexo apartado de Dios, acabaremos cayendo en el pecado sexual.  Durante décadas fallé en entender cómo la carne se comporta y cómo debe ser tratada. Aunque es indispensable alimentarnos de pureza en la esfera espiritual, mediante la lectura de la Palabra, el ayuno, la oración y el servicio Cristiano a los demás, en la esfera física, la carne no entiende ese lenguaje.

La verdad es que la carne no entiende ni puede aprender pureza.  Al igual que la historia del domador y el gato, podré pasar toda una vida intentando domar a la carne, y ella no aprenderá a resistir al “ratón” que dispara sus instintos. Y entonces, ¿qué funciona ante la carne? Someterla. Forzarla a caminar el camino de la pureza, cuando fortalezco mi mente y mi espíritu.  La fórmula es sencilla.  La carne siempre me lanzará al pecado sexual si mi mente, o mi espíritu flaquean; si se desenfocan en la batalla de mantener a Dios en el primer lugar. Recuerda:  La carne ni sabe, ni entiende, ni quiere aprender lo que es pureza.  ¡Cuántas veces lo he visto en el testimonio de otros hombres y mujeres!

Recuerdo con mucho dolor la historia de un pastor de jóvenes.  Luego de haber estado sirviendo durante todo un mes, preparando un retiro en su iglesia junto a sus hijas y su esposa, tuvo una experiencia espiritual extraordinaria de todo el fin de semana junto a más de doscientos jóvenes. ¡Se sentía tan contento y agradecido de Dios por este retiro y por cómo Dios lo había usado para ministrar a tanta gente!  Mientras pensaba en esto, terminaba de limpiar la nave principal y salió por el portón del frente de la Iglesia para irse a su casa.  En ese momento, una atractiva mujer se le acercó y le invitó a darse unos tragos.  En medio del asombro, reconoció en aquella seductora a un viejo amor de su juventud que hacía quince años que no veía.  Ciego por el impacto, acabó cometiendo adulterio esa noche.

Con lágrimas en los ojos me preguntaba: “Edwin, ¿cómo es posible que después de haber estado tan cerca de Dios, después de haber ministrado a tanta gente, después de haber experimentado un encuentro espiritual tan intenso, acabe enlodado en el piso, cometiendo adulterio?”  La única respuesta que le pude dar fue la que hoy te he compartido. Una experiencia espiritual, o una emoción, nunca serán suficientes para mantenerte en pureza.  Necesitas someter la carne con el Poder de Dios. Necesitas obligar a la carne a entender que ella no se gobierna y que sus antojos no serán concedidos. Si no lo hacemos así, viviremos toda una vida siendo sorprendidos por el pecado sexual. El enemigo es un timador astuto, un sucio y traicionero oponente. El esperará el momento propicio para sacar al ratón de su bolsillo, y causar que el gato salga disparado por su naturaleza de cazador felino. En un instante, el gato olvidará el disfraz de caballero y todos los modales que el domador pretendió enseñarle. La verdad es que esta carne no puede aprender lo que es pureza.  Nunca lo olvides.  Nunca permitas que una ratón te lo recuerde sorpresivamente.

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

http://www.purezasexual.com

http://www.purezainvencible.com

http://www.sexualpurity.net

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