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Pureza Sexual… EN UNA JAULA NO SE VIVE PUREZA

octubre 11, 2015

Saludos a todos ustedes que defienden día a día su pureza sexual

Una vez más, la computadora me había aprisionado y su agarre mortal me asfixiaba.  Como “perro que regresa a su vómito” me sentía esclavizado a los desperdicios podridos que salían de aquel monitor. Aún sabiendo que toda esa basura pornográfica era un veneno que me mataba lentamente, seguía anhelándolo y llenándome de él.  La computadora se había transformado en una trampa de perdición y muerte que siempre me vencía.

Allí, derrotado por la lujuria sexual por enésima vez, me decía a mí mismo:  “Soy un necio.  Tengo que estar loco, porque locura es repetir lo mismo esperando resultados diferentes.  ¿Cómo puedo seguir cayendo frente a esta porquería pornográfica? Sé que ella me aguarda ahí, escondida tras los bastidores de mi computadora con los mismos trucos y mentiras y no hago nada diferente para defenderme ni contraatacar.”

El comienzo de mi recaída había ocurrido como tantas veces antes, al sentirme sólo, incomprendido y desanimado en esta batalla por mantener mi pureza.  En vez de sentirme gozoso por acumular días purcanary-yellow-cage-pet-birdos, la pureza se me hacía antipática e incómoda, como aquella camisa que te regalan y que cuando te pones, resulta ser muy pequeña, o que al instante te comienza a causar comezón.  En lugar de sentirme fortalecido con el paso de los días, cada día de pureza me debilitaba, tanto en mi cuerpo como en mi espíritu. ¿Qué me sucedía? ¿Por qué no podía ser puro con alegría y reflejando el poder de Dios?  Allí, mirando mi rostro derrotado en el reflejo de aquel monitor, me dije a mí mismo:  “Nunca podré ser puro. Esto es como una lepra incurable que podrás tratar de esconder, pero que te va pudriendo lentamente de adentro hacia afuera.”  La frase “de adentro hacia afuera” agarró con fuerza mi atención.  Sentí que algo dentro de mí me hablaba para decirme que allí estaba la clave de esta guerra.  Una guerra que más estaba dentro de mí que allá afuera, en las cuatro esquinas de este mundo saturado de sexo y hedonismo carnal. 

Con el paso de los años y luego de haber sufrido incontables recaídas, me di cuenta que estaba viviendo una pureza artificial: Una pureza obtenida en mi propia fuerza, mediante cambios externos que me mantenían insulado de la lujuria del mundo allá afuera, pero sin realmente hacer cambios en mi interior, en lo profundo de mi corazón.  La verdad es que una pureza enjaulada y apartada del mundo no es pureza para nada.

Poco a poco me dí cuenta que los cambios tienen que ocurrir de adentro hacia afuera, porque así es que la “lepra lujuriosa” crece.  Recordé las palabras de Cristo en Marcos Capítulo 7, cuando me decía que lo que corrompe al hombre no está afuera de él, sino bien adentro de su ser, en el horno de su corazón, allá donde se fraguan pasiones y apetitos desenfrenados.  Por lo mismo, si mi interior está limpio y comprometido con mi pureza, la impureza del mundo no podrá echar raíces en mi ser.

¿Y qué de un corazón impuro que intenta aislarse de toda impureza externa?  Un corazón impuro nunca podrá latir pureza, aunque sea aprisionado en una cárcel alejado de la lujuria sexual.  Así, lo intenté por años y fracasé en cientos de ocasiones. Por mucho tiempo me obligué a servir en la iglesia para evitar bregar con mis verdaderos problemas.  Me ahogaba en trabajo a fin de llegar a mi casa exhausto y sin fuerzas para pensar en la lujuria.  Me aislaba de ambientes sensuales.  Me quité de la televisión y de otras actividades “peligrosas” como ir a la playa y a las piscinas.   Procuraba alejar mis ojos de todo lo sexualmente estimulante.  Aún así, la carne y la lujuria sexual podían más y siempre acababa derrotado.

Entonces un día ocurrió…  Acepté que peleando esta batalla solo, mis limitaciones siempre me derrotarán.  Con mis ojos, con mi mente, con mis recursos, mi escasez, mi limitación, me harán caer vencido ante la tentación. Pero, ¿tiene que ser así?  ¡Absolutamente no!  Porque mi insuficiencia es suficiente en las manos de Dios.  Si pongo mis limitaciones en las manos de Dios, Él las hará suficientes para romper la esclavitud del pecado.  ¿Por qué?  Porque Él necesita de mí, de mi insuficiencia, para hacer el milagro.  Ahora bien, para que mi limitación sea transformada en plenitud, Dios necesita sacar de nosotros lo que estorba, lo que no coopera con Su plan.  Sí, mi amado que me lees, nuestra pureza costará y dolerá… Pero ¿sabes algo? yo prefiero ser roto en las hermosas manos de mi Cristo, que en las garras de la lujuria sexual.

Hoy te toca a ti escoger entre la pureza real de Dios y la pureza enjaulada y artificial del mundo.  Dios quiere utilizar tu limitación, tu insuficiencia, para hacer un milagro extraordinario en ti.  Permite que Él rompa la jaula y te haga libre.¡Acéptalo y la pureza sexual echará profundas raíces en tu vida!

Un abrazo,

Edwin Bello

Fundador

Pureza Sexual…  ¡Riega  la  Voz!

Te invitamos a visitar nuestra nueva página del ministerio, Hombres de Valor, Hombres de Verdad.  Allí encontrarás una gran variedad de materiales para Poseer, Preservar y Proyectar pureza sexual.

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2 comentarios leave one →
  1. octubre 21, 2015 11:20 am

    Tremendo!! Se me quedó grabado la frase “…nuestra pureza costará y dolerá… Pero ¿sabes algo? yo prefiero ser roto en las hermosas manos de mi Cristo, que en las garras de la lujuria sexual.” Wow! Gracias Edwin por tus artículos.

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